martes, 31 de enero de 2017

SIR WALTER RALEIGH


Soldado, navegante, pirata, explorador, poeta, escritor y cortesano, Sir Walter Raleigh vivió obsesionado por el vasto, hermoso y rico imperio de Guayana que al final lo condujo al cadalso por voluntad expresa de Jacobo Primero, Rey de Inglaterra y esposo de la Reina Virgen que en vida lo consintió y lo colmó de privilegios.
Nació en 1552, en Hayes, estancia de su familia en Devonsahire, donde recibió excelente educación. Ingresó a uno de los Colegios de la Universidad de Oxford e interrumpió sus estudios para alistarse en Francia al lado de los hugonotes seguidores de Calvino que eran perseguidos a sangre y fuego por los católicos. La Reina Isabel I, cabeza suprema de la Iglesia anglicana de Inglaterra, favorecía a todos aquellos que como Raleigh se alistaban contra el catolicismo y contra el imperio español de Felipe II, de manera que de vuelta a su patria y antes de los 30 años ya era Capitán del ejército y como tal ingresó a al Corte de la reina Isabel, quien desde el primer momento se sintió atraído por la galantería, el vigor, talento y espíritu de aventurera del joven oficial.
         Raleigh a esa edad ya tenía una sólida experiencia como soldado en varios países europeos y como marino ambicioso al lado de su  hermanastro Humphry Gilbert, con quien protagonizó increíbles aventuras explorando Terranova y otras regiones norte del Nuevo Continente. La Reina Virgen como era llamada Isabel por su eterno celibato, practicaba una política internacional que consistía en arrebatarle a España su hegemonía sobre Europa y el mundo colonial. Raleigh con premeditada inteligencia ligó su ambición y espíritu de aventura a esos planes de soberana prepotencia logrando obtener de la Reina cuantiosos favores traducidos en feudos, privilegios comerciales y derechos de colonización que lo llevaron en 1585 a organizar una expedición con numerosos colonos para fijar la primera base de la colonización inglesa en el Nuevo Mundo. Surgió así Virginia, la actual Carolina del Norte, capital Raleigh, en honor a la Reina Virgen.
         Raleigh participó en la batalla naval que acabó con la poderosa armada invencible de España y a partir de 1586 se transformó al igual que Drake, Essex y Hawkins en un corsario terrible que azotó las Azores y las costas de América. Estando en Inglaterra tuvo acceso a documentos enviados a España e interceptados en alta mar por el inglés Jorge Popham referente aquellos documentos soñó bajo la gracia de la Reina Virgen, con la posibilidad de una expedición al vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.

El vasto imperio de Guayana

         La obsesión de la Reina Virgen era un imperio colonial superior a la de su vecina España, de ser posible, a costa de los mismos territorios conquistados por la Península y en esa dirección estaban diseñados los proyectos de agresión y piratería que ejecutaban de manera cruel y grotesca sus caballeros, condes y capitanes lanzados a la aventura del mar.
         Walter Relaigh era uno de ellos y la documentación interceptada por Jorge Popham le sirvió para llegar en 44 días al pórtico del vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.
         Zarpó en febrero 6 (1595) de Plymouth y el 22 de mayo San José de Oruña con su Gobernador Antonio de Berrío, soldados y habitantes quedó bajo su poder, Berrío a cambio de respeto para su vida lo proveyó de todo cuanto Raleigh inquirió sobre aquellas nuevas e inmensas tierras que se extendían como un paraíso ante sus ojos y siguió la recomendación de penetrarlas utilizando las lanchas de sus cuatro navíos.
         En carta del Gobernador de Santo Domingo al Rey español Felipe II se informa que Raleigh remontó  el Orinoco hasta las Bocas del Caroní y luego exploró este último río hasta los saltos y raudales donde se hallaba asentada la comunidad del cacique Morequito, con la que pudo entenderse e intercambiar cosas.
         Raleigh, después de varios días en tierras de Morequito indagando a través de interpretes sobre la grandeza, posibilidad y riquezas de la comarca, decidió retornar a Trinidad donde estaban anclados sus navíos, pero no sin antes convenir que allí quedaron dos de sus hombres mientras él se llevaba dos uayanos a objeto de que cuando volviese las cosas se le facilitaran. 
         Ya de vuelta, en Trinidad decidió borrar todo vestigio adverso a la pretensión imperial inglesa, de manera que San José de Oruña se transformó en ceniza y sus habitantes decapitados fueron sepultados bajo las ruinas. Raleigh levó anclas y luego trató inútilmente hacer lo mismo con Cumaná, donde una resistencia feroz lo obligó a cesar la hostilidad y entregar al prisionero Antonio de Berrío a cambio de marinos suyos capturados en medio de fragor.
         Incursionó con mala fortuna hasta Río Hacha en Colombia y poco después de regresar a su patria fue encarcelado en la famosa prisión normanda la Torre de Londres, acusado de conspirar contra su Majestad el Rey Jacobo, sucesor de Isabel, quien había sido su protectora.
         Allí encerrado durante trece años escribió un fabuloso libro tratando de justificar ante detractores y fiadores de su empresa expedicionaria, que había descubierto un mundo sobre el cual debía insistirse en plan de conquista, un mundo extraordinario, rico, con montañas de cristal y palacios de oro, donde había mujeres amazonas sin marido, increíbles seres con el rostro en el pecho y ríos cuyas aguas ingeridas en determinadas horas podían producir la muerte o la eterna vida. Aquel mundo de las mujeres cabalgando, de ríos misteriosos y de Ewalpanomas no era otro que el vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.

La Montaña de cristal

         Walter Raleigh habrá de volver atraído por el señuelo alucinante del Cacique Dorado, dueño y señor de la Manoa que seguramente estaba  entre aquellos tepuyes que enervaban su mente, el creía que los  tepuyes o mesetas eran señales que conducían hacia la fabulosa ciudad. Estaba increíblemente sugestionado por lo que le había contado don Antonio de Berrío mientras fue su prisionero. Tanto que durante la primera expedición se aventuró a ver si podía escalar la montaña, pero le fue imposible, surgieron  innumerables inconvenientes y no le quedó más remedio que contemplarla de lejos:
         “…he sido informado acerca de la existencia de la montaña de Cristal a al cual, debido a la distancia y a la estación del año, no pude llegar, pero la vimos desde lejos y daba la impresión de que era la torre de una iglesia de gran altura. Desde arriba, cae un gran río que no toca el costado de la montaña en su caída, porque sale al aire y llega al suelo con el ruido y clamor que producirían mil campanas gigantes golpeándose unas contra otras. Yo creo que no existe en el mundo una cascada tan grande ni tan maravillosa. Berrío me dijo que en su cumbre hay diamantes y piedras preciosas que se ven brillar a la distancia. Pero lo que  ella contiene, yo no lo se, ni él, ya que ninguno de sus hombres ha logrado ascender por el costado por la hostilidad de los habitantes del lugar y las dificultades que hay en el camino”.

         Esa Montaña de Cristal, posiblemente Roraima, hará que Raleigh regrese comandando una segunda expedición, pero ella lo conducirá, no a la fabulosa Manoa, sino tanto a él como a su hijo a una muerte trágica segura. Mientras tanto, son  muchos lo acontecimientos ocurridos en Guayana, entre ellos, la existencia de una ciudad que anteriormente no existía y que lo atajará con sangre y fuego en el camino.

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