martes, 10 de enero de 2017

MISIONES RELIGIOSAS

Obedeciendo al mandato de Jesús “Id y enseñad a todas las gentes”, los cristianos, desde los tiempos de los apóstoles, recorren los caminos del mundo sellando muchas veces con sangre el testimonio de su religión. En 1622 la Iglesia Católica organizó la Congregación de Propaganda Fide para centralizar la vasta obra misional que se realiza en las áreas escasamente desarrolladas del planeta.
Apenas descubierto el Nuevo Mundo, el cristianismo halló en él un amplio cauce para sus empresas heroicas. La primera comunidad en recibir autorización para enviar Misiones a América fue la Orden Franciscana. El Papa León X expidió la Bula en 1521 autorizándola y doce franciscanos partieron para Nueva España (México) poco después.
         También fueron franciscanos los primeros en llegar a la provincia de Guayana explorada y poblada por el Capitán Antonio de Berrío entre 1582 y 1597 y quien falleció en Santo Tomás de la Guayana, ciudad fundada por él después de San José de Oruña en Trinidad.
         De manera que los primeros religiosos que se establecieron en Guayana fueron los franciscanos, llegados en la expedición de Antonio de Berrío. Los frailes domingo de Santa Águeda y Juan Paralta vinieron con el fundador y de ellos fue la empresa de levantar el Convento y Hospicio de San Francisco a la cual se sumaron posteriormente los Reverendos Luis de Mieses, Luis de Pozuela, Juan de Suazo y el fraile Manosalbas. Otro fraile del grupo que vino con el contingente de pobladores traídos por Domingo de Vera, lugarteniente de Berrío, fue el Reverendo Francisco de Leuro, quien estaba destacado como cura vicario de Santo Tomás, muerto cuando Walter Raleigh mandó desde Trinidad a ocupar la ciudad el 13 de enero de 1618. El Vicariato pasó entonces a manos del Reverendo Juan de Moya, Guardián del Hospicio de San Francisco.
         Además de la Misión de Santo Tomás, los franciscanos habían explorados más al Sur tratando de hacer contacto con poblados indígenas y a distancias de tres leguas localizaron Mar-uaca, donde vivían los indios Aruacas. Allí fundaron una segunda Misión que al igual que la de Santo Tomás fue abandonada en 1670.
         Los últimos frailes que pasaron por allí fueron los jesuitas Dionisio Melena, de origen francés; Francisco Llauri, quien falleció en febrero de 1665; Ignacio Cano y Julián Vergara, quienes debido al estado extremo de pobreza y despoblada como estaba quedando la ciudad, se ausentaron en 1670 para continuar su labor misionera en los llanos de Casanare. De manera que cuando Diego Jiménez de Aldana asumió el Gobierno de la Provincia en 1670, las dos únicas misiones de Guayana estaban acéfalas.



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