miércoles, 18 de enero de 2017

Santo Tomás del Sacramento



         Primero fue Santo Tomás de la Guayana, luego Santo Tomás del Usupamo, ahora al Gobernador (1636-1642) Diego López de Escobar se le ocurría un nombre para desagraviar la ofensa inferida por los luteranos holandeses contra la Sagrario de la Iglesia donde se conservaba la forma del Santísimo Sacramento cuando invadieron y saquearon la ciudad.
         La ofensa inferida tuvo lugar el 22 de julio de 1639, fecha en la que los holandeses incursionaron por segunda vez, ya no en el sitio primigenio cabecera de la provincia, ni en las bocas del Orinoco donde estuvo después, sino en la margen izquierda del Caroní a donde la había mudado en 1637 el Gobernador Diego López de Escobar, creyendo que era estratégicamente mas segura.
         En esa ocasión los holandeses acabaron con todo el poblado de la manera más infame y el Gobernador no vio más salida en el ardor de su impotencia, que poner a salvo su gente en ciertos parajes previstos para las emergencias.
         Allá en los dominios de los herederos de Morequito y donde Diego de Ordaz escuchó por primera vez la voz Uayanos, exactamente en el lugar del hoy Puerto Ordaz Matanzas, Diego López de Escobar se había restablecido con los restos de Santo Tomás y para desagravio de la Iglesia, el párroco y feligreses rebautizaron la capital con el nombre de Santo Tomás del Santísimo Sacramento de Guayana, por sugerencia del Sargento mayor Diego Ruiz de Maldonado, quien había llegado en auxilio desde Bogotá.
         Por muy poco tiempo enarboló Santo Tomás el cognomento de Santísimo Sacramento, pues vendría un nuevo Gobernador a cambiar todo lo hecho, incluida la condición de Capital que por más de cuarenta años había conservado la primera ciudad del Orinoco. Por aquellos días resultaba penoso y arriesgado vivir en Santo Tomás de Guayana. Había que tener una bien templada voluntad de acero para insistir apegado a aquella tierra no apta para los frutos del agro y sin embargo tan asediada a sangre y fuego por los enemigos de España. Los efectos de la llamada Guerra de los Treinta Años que conmovía a Europa de alguna forma trasponían el Atlántico y retumbaban muchas veces en el Orinoco.
         Martín de Mendoza y Berrío, sucesor de Diego López de Escobar, ex gobernador de los Llanos de Casanare, asumió la gobernación en 1647 y resolvió trasladar la Capital a San José de Oruña, para lo cual debió expulsar con éxito a los holandeses que había ocupado Punta Galera en la isla de Trinidad.
         Los habitantes de Santo Tomás fueron desconcentrados para acomodarse unos en el convento de San Francisco que el Gobernador decidió transformar en Fortaleza Real, otros en el Usupamo, la mayoría en la trinitaria San José de Oruña y escogidos los más emprendedores para la fundación de otro pueblo en la margen opuesta del Orinoco, cerca de los cerros de Cabruta y al cual el Gobernador decidió bautizar con el nombre de Nueva Cantabria.

         Habitantes fundadores de este pueblo de vida efímera fueron doña Isabel de Alcalá, heroína de Santo Tomás de Guayana cuando ésta fue asaltada y quemada por la expedición de Sir Walter Raleigh; Juan de Ochoa Gresala, Teniente de Justicia Mayor, y Antonio de Mújica y Builtron, Alcalde de lugar y quien también lo había sido de San Tomás de Guayana. 

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