domingo, 8 de enero de 2017

LOS CAPUCHINOS

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En 1687, previo informe levantado por los frailes Ángel de Mataró y Pablo Blanes, llegaron a Guayana para establecerse los primeros capuchinos catalanes.
Los misioneros Tomás de Lupián, Arcángel de Barcelona y Ramón de Figuerola, salieron de Trinidad el 11 de noviembre y llegaron a Santo Tomás once días después. Los recibió el gobernador Diego Suárez Ponce de León (1682-1690). Los dos primeros se situaron en la Misión de Mari-uaca y Lupián se fue con varios soldados de escolta a fundar más al Sur, la Misión de Los Totumos, pero los tres murieron antes de los dos años de permanencia.
         En 1692, mientras los misioneros jesuitas Alonso de Neira, José Cobarte, Vicente Loberzo y José Silva, se dedicaban a reedificar los pueblos destruidos por los Caribes en zona de los raudales, los capuchinos Ambrosio de Matarol, Antonio de Prados e Ignacio Valfogina, se incorporaban a llenar las vacantes de sus inmediatos antecesores fallecidos pero tres años luego abandonaron su labor de reducción y adoctrinamiento por la muerte del fraile Ambrosio y las fiebres que minaban la salud de los restantes. No fue sino en 1723 tras dos tentativas más de la Orden que los Capuchinos lograron permanecer hasta fundar más de treinta pueblos en la región del Caroní.
         La labor de los misioneros consistía en reunir a un grupo de indios y fundar con ellos un pueblo, cuyo gobierno, instrucción y civilización le estaba encomendado. Cuando al cabo de cierto tiempo, ordinariamente veinte años, se consideraba que el pueblo de indígenas estaba suficientemente afianzado en la vida social civilizada, el pueblo o misión pasabas a la jurisdicción del Obispo y del pueblo civil y continuaba el misionero buscando otros indios para nuevas fundaciones.
         Para el sostenimiento, los misioneros llegaron a fundar labranzas, hatos e ingenios azucareros. Había un Gobernador, llamado Prefecto para toda la misión, un tesorero común y un procurador que compraba las mercancías necesarias para todo el pueblo. En 1726 Pedro Figuera, rico propietario de los llanos de Anzoátegui, regaló a las Misiones 28 vacas y 2 toros que se multiplicaron asombrosamente por toda la provincia de Guayana.
          De estas misiones sobreviven en la actualidad como municipios y parroquias, San Antonio de Upata con la particularidad de haber sido fundada en 1762 sólo por familias españolas y la cual vino a sustituir a Suay (1724) como capital de las misiones; San Miguel del Palmar (1734), San Francisco de Altagracia (1734), Divina Pastora del Yuruary (1737), Nuestra Señora del Rosario de Guasipati (1757), San Buenaventura de Guri (1771), fundadas todas por los capuchinos; Moitaco, por los Franciscanos y La Uriban por los Jesuitas.
         Desde el período del coronel Carlos Sucre que se suscribió el llamado Pacto de la Concordia (20 de marzo de 1734), las Misiones operaban en Guayana sobre jurisdicciones territoriales delimitadas. Desde el mar hasta Angostura, correspondía a los misioneros. capuchinos;  desde Angostura hasta el río Cuchivero, a los observantes de San Francisco y desde el Cuchivero hasta los confines de Nueva Granada, a los Jesuitas.




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