domingo, 1 de enero de 2017

ANGOSTURA

El gobernador de la provincia de Guayana entre 1690 y 1696, Francisco de Meneses, fue el primero en apreciar el valor estratégico de la angostura del Orinoco para evitar, o hacerle frente exitosamente, a las frecuentes invasiones de que era objeto la capital Santo Tomás de la Guayana.
La propia angostura del río Orinoco respaldada por cerros, resultaba ideal para la fortificación y en ese sentido el gobernador Francisco de Meneses hizo levantar un informe y formuló el requerimiento. El Rey Carlos II delegó el asunto para su estudio y decisión al Nuevo Reino de Granada cuyo gobernante Gil Cabrera y Dávalos poco interés tuvo como tampoco su inmediato sucesor Lasso de la Vega.
         Hasta 1711 que Cristóbal Féliz Guzmán asumió la Gobernación de la provincia de Guayana, no se había vuelto a tocar el tema. Este gobernante se interesó tanto que propuso al Rey Felipe V, sucesor de Carlos II, la construcción a sus expensas de una ciudad fortificada en la Angostura del Orinoco a cambio del grado de Coronel y de la Gobernación de la Provincia de Cumaná por el lapso de diez años, pero concluyó su período en 1716 y de ninguna manera llegó a recibir respuesta favorable. No fue sino 40 años después, ya muertos Felipe V y su sucesor Fernando VI, cuando Carlos III atendió a esa necesidad replanteada en otros términos por el Capitán de Fragata José Solano y Bote, integrante de la Comisión comandada por José de Iturriaga, que se estableció en Guayana  en 1754 para concretar los límites entre las posesiones de Portugal (Brasil) y España (Guayana).
         Solano, en 1761, a su regreso de Río Negro hasta donde llegó la Expedición de Límites, midió por primera vez la anchura del Orinoco en su parte más angosta como aspecto importante, dentro de las consideraciones del informe que sugería poner la capital de la provincia en ese sitio estrechado en 837 varas.
         El Rey de Castilla Don Carlos III, en cabal conocimiento de la información y recomendaciones de la Comisión de Límites, tomó la gran decisión de erigir en comandancias separadas toda la provincia de Guayana con inmediata subordinación al Virreinato de Santa Fe y a tal efecto ordenó al Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias, Don Julián de Arriaga, redactar la Resolución o Título Real correspondiente, el cual fue expedido el 4 de junio de 1762. Entre sus consideraciones básicas señala la necesidad de asegurarle en la angostura del río Orinoco una mayor custodia a la población de Guayana lo mismo que a los intereses y Reino de Santa Fe, por la introducción que facilita la conocida navegación del río, como también para precaverla de la intemperie que tan fatal resulta para sus habitantes, impidiendo por esta razón su aumento.
         A través del mismo Título Real, fechado en Aranjuez, el Rey confió interinamente esta responsabilidad al entonces teniente coronel Don Joaquín Sabás Moreno de Mendoza y le asignó sueldo de tres mil pesos anual con cargo a las cajas de la Real Hacienda de Santa Fe de Bogotá,  capital del Virreinato de Nueva Granada.
         En el nombramiento e instrucciones que en documento adjunto al Título recibió Moreno de Mendoza, para entonces en Caracas, se le previene de la necesidad de trasladarse de inmediato a la Provincia de Guayana para comenzar a darle cumplimiento a su misión, tratando con el Gobernador de Cumaná, a quien se expiden las correspondientes ordenes, de las provincias en que ha de tener parte y sobre los auxilios que debe facilitar. Cabe señalar aquí que el gobernador de la provincia de Cumaná, don José Diguja, era opuesto a la traslación y en ese sentido había abogado ante el Rey en reiterados informes.
          Además de la mudanza del vecindario de la Guayana para su mejor conservación y adelantamiento y detener el progreso de los enemigos, Moreno de Mendoza debía, sin pérdida de tiempo, mejorar las condiciones y defensa de los castillos El Padrastro y Los Limones a ambos lados del río; construir dos lanchas corsarias para que una sirviera a la guarnición de los fuertes y otra a la Angostura; trasladar a la misión indígena de Suay con todo su ganado a la nueva ciudad y cerrar la Angostura con una batería que pondrá en la parte que llaman San Felipe y en la punta oriente de una loma que hace espalda, disponiendo U. que se haga una casa fuerte que sirva de cuartel, y defienda las espaldas de la población y la batería, atendiéndose desde allí a la guarnición de los fuertes, y que se embarace la internación de los extranjeros y se protejan las misiones de capuchinos de Guayana y de San Fernando de Atabapo, las franciscanas observantes de la parte oriental de Orinoco, las de los jesuitas de él y del Meta y las de los dominicos de Barinas, dándole las escoltas necesarias.
         En abril de 1763 recibió el Título con su nombramiento y el 8 de ese mismo mes acusó recibo al Secretario de Estado agradeciéndole la designación y advirtiéndole de la imposibilidad de partir de inmediato a Guayana debido a que el Gobernador de Caracas Francisco Ramírez de Eslenor (1757-1763) le denegaba recursos por no estar autorizado.
         Con la misma fecha escribió al capitán don Juan de Dios Valdés, comandante de los Fuertes de Guayana, ordenándole mandar a hacer las labranzas necesarias para trasladar la ciudad de Santo Tomás a la Angostura del Orinoco lo que fue imposible dada la entrada de las lluvias. Esta circunstancia obligó a diferir el traslado par el verano del año siguiente (1764).
         La mudanza o traslado de la capital de Guayana se vio desde el principio obstaculizada no sólo por la falta de cooperación del Gobernador de Caracas, sino por otras razones de celo y competencia del Gobernador de Cumaná, José Diguja, y el Jefe de escuadra José de Iturriaga, a la sazón Comandante del Orinoco y Río Negro. No obstante, la habilidad y persistencia de Moreno de Mendoza fueron menguando hasta cierto punto los inconvenientes logrando que desde España se precisara que la autoridad que su Majestad había conferido al jefe de Escuadra José de Iturriaga en nada perjudicaba los peculiares encargos y comisiones confiados al Gobernador Moreno. De todas maneras, para proveer soluciones de cualquier diferencia que pudiese surgir entre una autoridad y otra, se el confirió facultad al nuevo gobernador de Caracas para el período 1763-1771, Capitán José Solano y Bote.
         Para cumplir su mandato en la provincia de Guayana, Joaquín Sabás Moreno de Mendoza, caballero de la Orden de Santiago y coronel de los reales ejércitos, salió de Caracas el 14 de diciembre de 1763 tomando desde La Guaira la ruta del mar. Llego a Santo Tomás en enero del año siguiente.
         Una vez en posesión de la Gobernación, comisionó al teniente de infantería Francisco Guigo para que, conforme a lo planificado, partiera hacia la Angostura del Orinoco, 34 leguas más arriba, e iniciara las obras básicas, entre ellas primordialmente la de un Fortín, a objeto de emprender luego la mudanza del vecindario.
         A fin que dispusiera de todo lo concerniente, el Gobernador  instruyó al escribano José Manrique de Lara, al contador real Andrés de Oleada, al alférez de infantería don Félix Farrera y al comandante de al guarnición, capitán Juan de Dios Valdés. Este último encargado de dirigir las obras junto con varios maestros albañiles.
         El día 14 de febrero de 1764, zarparon hacia Angostura dos embarcaciones: una al mando del teniente Guigo, con toda clase de herramientas y utensilios, 136 arrobas de casabe, 147 de carne salada, cincuenta indios bajo la tutela de padres capuchinos, y otra, conducida por Juan Villegas cargada con 70 fanegas de cal.
         Al siguiente día se enviaron a Angostura con el patrón Pedro Arocha 168 arrobas de cal y 831 ladrillos. Como no eran suficientes las embarcaciones para el traslado de los materiales de construcción hubo que comprarle tres piraguas a los indios guaraunos. En total, desde el 14 de febrero hasta el 21de mayo se realizaron 25 viajes en goletas, piraguas y falúas transportando herramientas, ladrillos, tejas, cal, cazabe, carne salada, maíz, arroz, manteca de tortuga, sal, aguardiente, mezcla real, maestros de albañilería, misioneros, indios peones de varias misiones, soldados, artillería, pertrechos de guerra y familia para el poblamiento de Angostura.
         De acuerdo con la relación de gastos de Contador Real, Andrés de Oleaga, en obras de fortificación y en las de nuevo poblado, así como en el traslado de vecinos de Santo Tomás a la Angostura del Orinoco, se erogó un total de 61.648,5 reales, equivalente a 7.710,5 pesos. Además de los maestros de albañilería se emplearon 184 indios peones y tripulantes procedentes de las misiones de Guasipati, Suay, Capapui, Carapo, Aribi Santa Clara y Pariaguán.
         En la construcción del Fuerte San Gabriel, nombre que le dio Moreno de Mendoza en obsequio del infante don Gabriel hijo del Rey Carlos III, se trabajó durante 68 días, desde el 5 de marzo hasta el 21 de mayo, víspera de su bendición por el Padre Fray Bruno de Barcelona, religioso capuchino y misionero apostólico de la provincia de Guayana.
         Después de la bendición del Fuerte San Gabriel el 22 de mayo de 1764, fecha ésta que se tiene como la fundación, el gobernador Moreno de Mendoza que debía partir de inmediato a Caracas en calidad de Juez residente del gobernador Felipe Ramírez de Eslenor sustituido por el capitán José Solano y Bote, permaneció tres días más par resolver sobre la cuestión de un documento de fecha 23 que le fue entregado a nombre de la tropa  por el oficial superior de artillería Vicente de Lara y los sargentos Miguel Cornelio y Antonio Hernández. En el mismo planteaban su negativa a reconocer por comandante general del Orinoco al jefe de escuadra José de Iturriaga, quien tenía su Cuartel General en Ciudad Real (Las Bonitas), suplicando a la vez licencia para otra plaza de los dominios del Rey, antes de quedar a las órdenes del jefe de escuadra “por tener experimentado la mayor parte de nosotros, y universalmente toda la provincia y la de Caracas de todas las gentes el más tirano e inhumano gobierno en su mandar que se pueda considerar”.
         Aplacado los ánimos, Moreno de Mendoza pudo viajar a Caracas a cumplir su misión de Juez de residencia durante seis meses, tiempo que aprovechó el comandante Iturriaga para cometer toda clase de tropelías, según constató el propio Gobernador al volver a poner pie en Angostura del Orinoco el 12 de diciembre de ese año 1764.
         Allí permaneció como Gobernador hasta diciembre de 1766 cuando le fue aceptada su reiterada renuncia a causa de sus diferencias con el comandante Iturriaga, quien murió en Margarita un mes después (28 de enero de1767) de tránsito hacia Caracas. Moreno de Mendoza, elevado al grado de coronel, debía pasar entonces a la comandancia de Armas de Puerto Cabello, a donde nunca llegó porque parecía predestinado a eternizarse en la orilla de una playa como la de Málaga.







         Cumplido su período y salido bien del juicio de residencia, dejó a la Isla en manos de Alfonso del Río y Castro. Regresó a Caracas, a la espera de un nuevo destino con la Orden Militar de Santiago que le manda a imponer el Rey Fernando VI y con un hijo, producto de su unión en Caracas en 1755 con Francisca Salas y Álvarez del Pliego. Ese hijo que bautizó en la isla con el nombre de Manuel Moreno de Mendoza y Salas, tendrá un papel importante en el movimiento emancipador, llegando a ser miembro del Poder Ejecutivo en varias ocasiones (1811-1812) como suplente del triunviro Cristóbal de Mendoza. Tuvo otro hijo, Joaquín, que prestó servicios al lado de los patriotas en Guayana.
         Por Título Real del 4 de junio de 1762, se le ordenó al Tcnel. Joaquín Sabás Moreno de Mendoza trasladarse a la provincia de Guayana y proceder al traslado de la capital de Santo Tomás a al angostura del Orinoco, 30 leguas más arriba, misión que cumple, no inmediatamente debido a los inconvenientes de la estación lluviosa, sino desde el 14 de febrero al 22 de mayo de 1764 y, para lo cual, debió construir un Fuerte  -el San Gabriel-, y varias viviendas de palma y mampostería, suficientes para alojar a la tropa y 57 familias.
         Moreno de Mendoza comenzó a despachar el mismo mes de mayo sin un buen paraguas para protegerse de la lluvia de dificultades propias del medio y  de las circunstancias. La provincia había sido dividida en dos Comandancias, la del Bajo y Alto Orinoco al mando de José de Iturriaga, ex jefe de Escuadra de la fracasada Expedición de Límites y la de Guayana, al mando de Moreno de Mendoza, sujetas ambas al Vireinato de Santa Fe a través de la gobernación de Nueva Andalucía de la que debía, según el mismo Título Real, recibir auxilios. Pero el gobernador de la Nueva Andalucía, José Dibuja, nunca estuvo de acuerdo con la traslación de la ciudad  y ponía piedras en el camino al igual que Iturriaga, por rivalidad o competencia en el gobierno de la provincia.
         Iturriaga impulsaba la fundación de Ciudad Real en al zona indígena de Moitaco y Real Corona mucho más arriba, en la actual Las Bonitas, iniciada desde 1752 por los misioneros franciscanos, pero no pudo prolongar esa labor a causa de su muerte ocurrida en Margarita, de tránsito hacia Caracas, el 14 de septiembre de 1767. Su muerte favoreció la unión de las dos Comandancias en una sola Gobernación que favoreció al sucesor Manuel Centurión. De haberlo intuido posiblemente Moreno de Mendoza habría permanecido, por lo menos, hasta haber consolidado la fundación de Angostura, pero renunció en mayo de 1766.
         Moreno de Mendoza dimitió y dejó buena imagen entre los pobladores angostureños hasta un punto que halló innecesario el juicio de residencia. En dos años hizo lo que pudo que fue bastante o más de lo posible. Con casi 7 mil 600 reales inició el poblamiento de un lugar, aunque estratégicamente seguro y defendible, pedregoso e inhóspito, en donde ni siquiera había indios. Hubo que traer la mano indígena laboriosa de misiones lejanas y cercanas para levantar la ciudad conforme a planos confiados al cosmógrafo José Monroy.
         Además de Fuertes y viviendas y echar los cimientos para una Iglesia y un Colegio, reconstruyó parte de la ciudad afectada, primero a causa de un incendio y luego por un movimiento sísmico, respectivamente en junio y octubre de 1766. Exploró la zona, organizó la defensa del río, descubrió cacahuales y fomentó hatos y labranzas.
         Triste, afligido y enfermo por esa lluvia de dificultades que lo empapó en Angostura, retornó a Caracas siguiendo el curso bajo del río, del litoral marino y la montaña. Estuvo años sin hacer nada, tal vez escribiendo poemas y cartas. Le escribió un largo poema a Guayana, un poema testamento que algo más que eso es una irónica auto-acusación de su gobierno y el cual al final termina con un epitafio que manda pongan en su tumba:

Aquí yace Moreno que ostentando,
lo vi tres años mi cerviz rigiendo:
buen ejemplo de los que están mandando
Pues él en mi Provincia no cabiendo,
no bastó le miren usurpando,
y este sepulcro le sobró muriendo.

         Las cartas a su familia en Ronda, al Rey, al Consejo de Indias, al Capitán General José Solano, apuntalaban la aspiración de querer ser Teniente del Rey o, en caso contrario, Gobernador, si no de Maracaibo, de Puerto Rico y, siendo esto imposible, por qué no, Presidente de una Real Audiencia de México o Perú. Pero, por favor, nada de Puerto Cabello a donde quería Solano que fuera a encargarse de la Comandancia de Armas.  Sorteó el nombramiento lo mejor que pudo y nunca fue. Si imposible lo anhelado, preferible entonces quedarse en la Comandancia de La Guaira a donde fue asignado finalmente sin mucho éxito al comienzo pues a los pocos  meses ya estaba en la calle tras pelearse con el gobernador y capitán general José Carlos Agüero. El Consejo de Indias desaprobó la actitud de Agüero y lo repuso con nombramiento estable en 1776. Pasado tres años fue ascendido a Brigadier y con ese grado murió a orillas del mar en 1790, queriendo saber de la “infelice Guayana” donde mandaba con menos tropiezos su paisano, el ingeniero Miguel Marmión, ya también de despedida, preparando sus maletas para Florida que a la sazón era hispana. 



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