miércoles, 1 de febrero de 2017

ANTONIO DE BERRÍO, FUNDADOR DE GUAYANA


La fundación la Provincia de Guayana la coronó el Gobernador Antonio de Berrío el 23 de abril de 1593 con el ritual de toma de posesión a nombre del Rey Felipe II luego de tres expediciones en busca de El Dorado que costó toda la herencia dejada por  Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogotá, a doña María de Oruña, sobrina y única heredera  del Adelantado.
            Sin embargo, don Antonio de Berrio no venía programado para fundar una provincia tan lejos de la Iberia. Ni siquiera conocía la leyenda de El Dorado. Cuando traspuso el Atlántico y llegó a la América, vale decir, al Nuevo Reino de Granada, buscaba otra cosa, una herencia que ni siquiera era de él sino de su esposa María de Oruña con la que tenía siete hijos.
            Entonces, Berrío veía en la herencia dejada por el tío de su esposa la bendición de reposo deseado para su edad avanzada. Contaba 54 años, pues había nacido en 1527 y salido de España en 1581, pero ¡mala fortuna! La manda testamentaria lo obligaba a continuar la jornada de El Dorado que el testador, Gonzalo Jiménez de Quesada, había dejado inconclusa con un gasto de 50 mil pesos de oro.
            De tal manera que el exgobernador de Alpujarras, quien había salido de su natal Segovia a heredar indios y hacienda, nada pudo disfrutar a pesar de que sólo la finca pasaba de 14 mil ducados de renta, suficiente para quien  desde los 14 años venía trabajando, sirviendo ardorosamente al rey, en tiempos de paz y de guerra, ya en la misma Iberia como en Italia, Africa y Flandes.
            Descansar y disfrutar la herencia era su deseo, el de su esposa María de Oruña Jiménez de Quesada y el de sus hijos Antonia María, Elvira, Josefa, Jerónima, José, Francisco, y Fernando. Pero al llegar al Nuevo Reino se enteró de lo que entonces no parecía leyenda, sino toda una realidad que lo animaba a la aventura.
De suerte que no encontró más alternativa que presindir de su deseo de tranquilidad y darse de nuevo a la fatiga de la guerra, no contra los consabidos enemigos de España sino contra los indígenas y la naturaleza virgen resistida a ser violada. Reclutó gente, mucha gente atraída por la añagaza del dorado, se aprovisionó de caballos, vacas, municiones, y con este aparataje que le costó mucho oro de la herencia, partió del Nuevo Reino. Atravesó ríos y montañas, 300 leguas de llanos, picas, senderos y caminos hasta que, navegado el Meta y cruzado el Orinoco de orilla a orilla, topó con una impresionante serranía que estuvo faldeando ante la posibilidad de una brecha favorable, pero todo era espeso e inaccesible hacia la ciudad dorado que según le decían los indígenas apresados durante las inevitables guazábaras, estaba más allá de sierra y montaña.
            Diecisiete meses consumió Berrío en aquella jornada al cabo de los cuales, viendo su gente enferma y mermados sus recursos, decidió regresar al Reino de Granada, a pertrechase y levantar gente para continuar empecinadamente la jornada.

Del Meta a Trinidad

            Y salió Berrío por segunda vez y fue más abajo que la primera, donde halló mejores noticias sobre el Dorado. Intentó muchas veces atravesar la serranía faldeándola más de doscientas leguas y en toda esa longitud no fue posible atravesarla. Más tarde tuvo noticias de que Orinoco abajo la dicha serranía se descabezaba; de manera que dispuso fabricar embarcaciones apropiadas para descender el río y estando en esa labor se le amotinó un Capitán de nombre Gonzalo de Piña, huyendo con la mayor parte de la gente. Salió en su persecución y llegó hasta el Reino de Granada sin poder darle alcance.
            Cuando llego a Granada después de veintiocho meses de haber comenzado la segunda jornada, halló nuevas Cédulas de su Majestad que lo animaron a salir por tercera vez, pero con mayores y mejores recursos.
            Salió esta vez llevando a su hijo Fernando, de 13 años. De lugar teniente siempre el portugués Alvaro Jorge y el consolador de almas, Fray Domingo de Santa Águeda. Salió provisto de 200 caballos, 22 piraguas y otras tantas balsas cargadas de vituallas, pertrechos y municiones. Con este ingente recurso expedicionario Berrío llegó al Orinoco por la parte llamada Barraguán e intentó de nuevo atravesar la serranía y en ese afán le transcurrió un tiempo de dieciocho meses sin resultado alguno, visto lo cual decidió navegar el gran río a favor de la corriente. Ya en este tiempo se habían perdido muchas piraguas, también caballos, y huido 34 españoles. Un número similar había muerto por calenturas y otros males. 
            Su decisión a última hora de ir Orinoco abajo obedecía a la especie indígena según la cual en esa dirección toparía con grandes poblaciones y otro gran río, el Caroní, imposible de navegar por tener un salto torrentoso, pero por donde un poco más arriba, en tierras del cacique Morequito, se descabezaba la serranía y luego sucesivamente aparecían muchas provincias, entre ellas, Manoa y El Dorado. Pues bien, convencido de ello, fabricó nuevas embarcaciones y mató para sustento de la gente los caballos que le quedaban.
            El mismo día que empezó a navegar divisó caribes a bordo de dos piraguas provenientes de Barima que andaban de caza, a los cuales se acercó y por dádivas le sirvieron de guía hasta los asientos del Caroní. Allí les dio cartas para el Gobierno de la isla de Margarita en las que le pedía lo mandara a socorrer. Pero como transcurrían cinco meses y el auxilio no llegaba, Berrío, antes de que se le agotaran las municiones y se agravaran los 35 soldados que le quedaban, pues se hallaban casi todos débiles y enfermos, decidió bajar el Orinoco hasta Trinidad, que tanto le importaba ver y reconocer. Entró en ella el primero de septiembre de 1591 y permaneció allí durante veinte días. Halló que la tierra era buena, habitada por naturales muy domésticos, y apreció claramente que si no se poblaba de españoles aquella isla sería imposible penetrar la Guayana. Y habiendo visto y entendido lo dicho siguió navegando hasta Margarita y cuando llegó a la isla se enteró de que un Capitán Fajardo, con 35 soldados, despachado en su auxilio por el gobernador, hacía siete días que había salido en su busca y llegado hasta las propias tierras de Morequito, donde le atendieron holgadamente, pero en pago por el hospedaje, el muy ingrato robó las casas y hurtó trescientas indígenas que entonces se vendían como los negros.
            Berrío se quejó y Fajardo apenas estuvo preso dos días. El Gobernador de Margarita, Juan Sarmiento de Villandrando, terminó no congeniando con Berrío, por lo que éste pidió ayuda a Diego de  Osorio, Gobernador de Venezuela, a través de Domingo de Vera e Ibargoyen, diligente personaje que había conocido en la isla y a quien nombró su Maestro de Campo. Por otro lado envió a Cartagena a su hijo Fernando en solicitud de nuevos recursos para poder continuar la dura y costosa empresa doradista. Osorio le envió treinta soldados españoles con los cuales completó ochenta, sumados los que le quedaban de la expedición más otros reclutados en la propia isla. Con ellos se propuso iniciar el poblamiento de Guayana comenzando por Trinidad, de la cual tomó posesión en 1592 y a través de su lugar teniente, Domingo de Vera e Ibargoyen  fundó en la parte norte a San José de Oruña. El 2 de enero de 1593, Berrío vino a reconocer la flamante ciudad iniciada con la construcción de varias viviendas y un hospicio. A partir de ese momento comenzó a ejercer su gobierno y dispuso los preparativos para la toma y formulación de la Provincia de Guayana. Estando en tales preparativos se presentó Francisco de Vides, Gobernador de Nueva Andalucía, esgrimiendo alegatos hostiles sobre derechos de posesión y administración de la isla, no obstante los papeles reales exhibidos por don Antonio, debidamente refrendados por la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, los cuales lo acreditaban por un tiempo de dos vidas como Gobernador y Capitán General de  las inmensas tierras de Guayana y El Dorado en las cuales quedaba comprendida Trinidad. Su homólogo el titular de Nueva Andalucía se negaba a reconocerlo porque en los papeles de él igualmente figuraba Trinidad. Tampoco quería reconocer sus expediciones y exploraciones de once años a un costo alto de vidas, y dinero estimado en 100 mil pesos de oro. De todas maneras se dejó al arbitrio del Rey la dilucidación del problema.


Posesión de Guayana

El 5 de marzo, don Antonio de Berrío, comisionó a Domingo de Vera con 35 de sus soldados para explorar y tomar la Provincia de Guayana en compañía del cacique Morequito, quien permanecía con él desde hacía un año, prácticamente secuestrado por razones relacionadas con sus planes. Vera comenzó por hacer contacto con el cacique Caravana en cuyos predios anteriormente había permanecido Berrío dos meses y de allí prosiguió a las tierras de Morequito donde tendría lugar la ceremonia para la toma formal de la Provincia.
            El 23 de abril de 1993, Domingo de Vera ubicó el sitio en el Orinoco, al oriente de la desembocadura del Caroní, tierras del Cacique Morequito, y procedió a la ceremonia junto con todos sus soldados y capitanes, el Registrador Rodrigo Carranza y el Padre Francisco Carrillo. Levantaron una cruz despejada hacia el Oriente, se arrodillaron ante ella en actitud de reverencia, bebieron el agua de la tierra y luego el suelo inculto sintió el filo de la espada. Hecho esto, el Maestro de Campo pronunció las palabras de rigor proclamando la soberanía del Rey don Felipe sobre la tierra de los guayanos.
            Aunque Guayana había sido declarada Provincia el 20 de mayo de 1530 a raíz de la designación de don Diego de Ordaz como su Gobernador y Capitán General, fue don Antonio de Berrío, con los mismos títulos, quien realmente la exploró y tomó posesión de ella el 23 de abril de 1593. Para entonces sólo existían como tales las Provincias de Trinidad (1516), Margarita (1525), Venezuela (1528), Nueva Andalucía (1568) y La Grita (1575). Las de Mérida (1608), Maracaibo (1676) y Barinas (1786) fueron posteriores.´
            Las Provincias tenían gobierno propio, pero dependientes jurídicamente de la Real Audiencia. La provincia de Margarita, Nueva Andalucía y Venezuela dependían de la Real Audiencia y Santo Domingo, mientras que Trinidad, Guayana, La Grita, Mérida y Maracaibo, de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. En 1786, al crearse la Real Audiencia de Caracas, las provincias existentes en lo que es hoy Venezuela, quedaron sometidas a esa jurisdicción que dio lugar a la República actual a partir de 1811.

Acta de posesión
En el río Pauto que por otro nombre se llama Orinoco, en el Puerto del Principal Quaremero, a veinte y tres de abril de mil quinientos y noventa y tres años, Domingo de Vera Ybargoyen, maese de Campo y General por Antonio de Berrío, Gobernador y Capitán General por nuestro Señor el Rey entre los ríos de Pauto y Papanene, alias el Orinoco y Marañón, y de la Isla de Trinidad, ante mi, Rodrigo de Carranca, Registrador en el mar, mandó a todos los soldados reunirse y ponerse en orden de batalla. Capitanes y soldados y estando el Maestro de Campo en medio de ellos, les dijo: “Señores, Soldados y Capitanes”. Ustedes saben hace largo tiempo que nuestro General Antonio de Berrío en un viaje de once años, y un gasto de más de cien mil pesos de oro, descubrió las nobles provincias de Guayana y Dorado; de las cuales tomó posesión para gobernarlas; más por falta de salud de su gente y de las municiones necesarias, pasó a la isla de Margarita y desde allí pobló la Trinidad. Más ahora me han enviado a mi a buscar y descubrir los medios más fáciles de entrar y poblar dichas provincias y por donde puedan mejor entrar en ellas los campos y Ejércitos. En esta virtud yo entiendo hacerlo en nombre de su Majestad y de dicho Gobernador Antonio Berrío, y en señal de eso requiero a U. Fran Carillo a que me ayude a levantar esta cruz que yace aquí en el suelo, que ellos pusieron en pie de vuelta hacia el oriente y los dichos Maestros de Campos, Capitanes y Soldados se arrodillaron e hicieron la debida reverencia a dicha cruz; y luego el Maestre de Campo tomó una vasija de agua y bebió, y tomo más y la arrojó sobre el suelo; también desenvainó su espada y cortó la hierba del suelo y las ramas de los árboles diciendo: “Tomo esta posesión en nombre del Rey Don Felipe nuestro amo, y de su gobernante Antho, de Berrío; y porque nuestras acciones estuvo presente el Cacique o Principal Don Antho., por otro nombre Morequito, cuya era la tierra que consintió en ceder para esta posesión, de la cual se alegró y prestó obediencia a nuestro Señor Rey, y en su nombre al dicho Gobernador Antho. Berrío y dicho Maestre de Campo se arrodilló estando en libertad, y todos los Capitanes y Soldados dijeron que la posesión estaba bien tomada y que la defenderían con su vida, contra quien quiera que dijese lo contrario. Y dicho Maestre de Campo, teniendo en la mano la espada desnuda, me dijo: “Registrador que estás aquí presente dame instrumento o testimonio que me confirme en esta posesión que es necesario, la tomaré de nuevo”. Y os requiero a cuantos estáis presentes a que lo atestigües, y declaro además que seguiré tomando posesión de todas estas donde entrare”. Así lo firmó.
            Domingo de Vera y debajo:
            Ante mi, Rodrigo de Carranca, Registrador del Ejército.




No hay comentarios:

Publicar un comentario