jueves, 8 de septiembre de 2016

LAS CABECERAS DEL ORINOCO

Desde 1532 que Diego de Ordaz penetró, y exploró gran parte de su curso, hasta el 27 de noviembre de 1951 que lo logró un grupo franco-venezolano, ninguna expedición había podido dar con su origen.
         La primera expedición que se propuso llegar hasta las fuentes o cabeceras del Río Orinoco, fue la de Apolinar Díaz de la Fuente, quien formaba parte de la Expedición de Limites (1758), la cual tenía por finalidad establecer las fronteras entre Brasil, entonces colonia portuguesa, y la provincia de Guayana, colonia hispana.
         Bajo las órdenes del Jefe de la Escuadra, José de Iturriaga y José Solano y Bote, el teniente y comisario Díaz de la Fuente fue despachado el 3 de diciembre de 1759 desde San Fernando de Atabapo a reconocer las cabeceras del Orinoco, explorar el enlace Orinoco-Río Negro a través del Brazo Casiquiare y levantar fortificaciones en la confluencia del Casiquiare con el Orinoco y la fortaleza de San Carlos de Borromeo en Río Negro , pero no pudo llegar al verdadero punto de origen sino a unas 70 leguas de distancia, pues hasta allí no había navegación posible y los indios le aconsejaron no intentarlo de otra manera sin riesgo a perecer.
         Su informe en este sentido explica lo siguiente: “El poco caudal de agua que en este paraje tiene, nos impidió la navegación, no siendo posible continuar a pesar de las diligencias que hicimos para verificarlo; este sitio está al pie de una gran cordillera llamada Paruma, de donde sale un despecho de agua, que es el que da principio al famoso Orinoco. Viendo la imposibilidad de poder seguir más adelante, convoqué a mi gente para que discurriesen el modo de trepar por aquellas montañas; pero ninguno lo pudo verificar, y los indios urumanavis me repitieron que no me cansara, que no entrando por el río Ocamo no lograría ver salir las aguas por debajo de la ippa (piedra, según su idioma). En vista de esto, exigí de todos un certificado conteniendo lo que veían del plan del terreno que allí mismo saqué, y de la imposibilidad de pasar más adelante, ni por agua ni por tierra; cuyo documento para en mi poder”.
         El 18 de diciembre de 1886, el explorador francés Juan Chaffanjón después de siete meses y medio de haber partido de Angostura con esa finalidad fue el segundo en intentar llegar hasta las cabeceras del Orinoco, pero al igual que Apolinar Díaz de la Fuente, sólo logró aproximarse, como se desprende de éste su propio relato:
        
         “...Después de dos horas de marcha, encontramos sobre la orilla derecha una corriente casi seca, proveniente del flanco de la montaña, luego otra sobre la orilla izquierda formada por algunos hilillos de agua; en fin nuestro derrotero llega a su final. Es preciso escalar rocas, trepar cascadas, el Orinoco no es más que un torrente que desciende sobre las rocas. Inútil proseguir puesto que no puedo contar por más tiempo con la fidelidad de mis hombres. Por lo demás estoy satisfecho; he encontrado el origen de este río misterioso: La Sierra Párima, cuya altura fluctúa entre los 1.200 y 1.400 metros. Fue entonces cuando con emoción y orgullo bien legítimo, descubriéndome religiosamente, desplegué nuestro pabellón tricolor. Estas soledades, que ningún europeo había visitado aún, ven por vez primera, el 18 de diciembre de 1886, flotar la bandera francesa, no en son de conquista, sino como un zapador del progreso y de la civilización. Desde este sitio yo envío a través de los mares mis votos a mi querida patria, y, para perpetuar el paso de uno de sus hijos por el nacimiento del Orinoco, yo doy al pico de la fuente el nombre de un francés ilustre: Ferdinand de Lesseps”.
         El instituto panamericano de Geografía e Historia, insatisfecho de los resultados de las expediciones de Apolinar Díaz de la Fuente y de Juan Chaffanjón, propuso en Caracas, 1945, se organizara en buena forma una nueva expedición que además de localizar las cabeceras del Orinoco investigara también aspectos importantes de la región relacionados con las ciencias naturales y la antropología.
         Nació así bajo el patrocinio de la Junta Militar que gobernó al país entre 1949 y 1958, una expedición integrada por científicos venezolanos y franceses. Estos últimos en razón del interés manifestado por el Grupo Liotard de Francia.
         La expedición al mando del Mayor Franz Antonio Risquez Iribarren la integraban por el lado francés, Joseph Grellier, geógrafo e ingeniero hidráulico, jefe del Grupo Liotard; Franz Laforest, arqueólogo y dibujante, diplomado de Bellas Artes en París y Montreal; Pierre Couret, botánico, naturalista y mineralogista; Raymond Pellegrie, operador y técnico de radio; Pierre Ivanoff, Ayudante del Comando.
         Por el lado venezolano, además de Franz Risquez-Iribarren, la formaban, el profesor J.M. Cruxent, arqueólogo director del Museo de Ciencias Naturales de Caracas, representante del Ministerio de Educación; doctor Luis Carbonell, médico antropólogo, en representación de la Universidad Central de Venezuela; profesor León Croixat, ecólogo, geobotánico, representante de la Universidad de los Andes; doctores Luis Carmona, Juan Marc Decivrieux y Edimar Von Der Osten, geólogos, representantes del Ministerio de Minas e Hidrocarburos; doctor Pablo J. Anduze, entomólogo-zoólogo, miembro del Instituto de Fiebre Aftosa; Teniente Alfredo Alas Chávez, oficial activo de las Fuerzas Armadas, representante del Ministerio de la Defensa Nacional; Félix Cardona Puig,  geodesia y radio, en representación del Ministerio de Obras Públicas; Félix Cardona hijo, ayudante; profesor René Lichy, voluntario; Ildefonso Villegas, ayudante del Comando; Manuel Bouitron, jefe de peones, los que se contrataron en número de treinta y cinco.
         El numeroso grupo debidamente compactado y consciente de la misión a cumplir, inició la expedición  en abril de 1951 y centró sus operaciones en La Esmeralda, antigua misión religiosa, de donde salieron el 6 de agosto. A los 15 días de haber remontado el Orinoco, la mayoría de los expedicionarios cayó enferma bajo los efectos de una fiebre tropical que se pudo dominar rápidamente, mientras los expertos hacían excavaciones arqueológicas en la  Isla del Esfuerzo, en busca de rastros de las corrientes migratorias de las culturas pre-hispánicas.
         De allí en adelante fue la lucha tenaz contra los raudales que se sucedían dentro de un paisaje exuberante y violento donde emergen también saltos espumosos e islas habitadas por Guaharibos y Waicas. Cada quien haciendo lo suyo dentro del interés científico de su disciplina profesional y asimismo dentro del esquema de labor de antemano convenido para que todo pudiera salir como Dios manda.
         Cuántos saltos, islas y raudales identificados en la nueva cartografía de la expedición con nombres sugeridos por su propia peculiaridad o de antiguos geógrafos, cronistas y exploradores: Raudal del Esfuerzo, Raudal de la Curva, Gran Raudal, Salto Michelena y Rojas, Islas Porfin, Raudal El Laberinto, Caño de la Coromoto, Raudal del Quinto, Isla de los Tiestos, Salto Díaz de la Fuente, Salto Bobadilla, Salto Solano, Zona de raudales Cajigal, Los Muchachos y Monserrat, Salto de Las Academias y Salto Arístides Rojas, entre otros.
         A La Horqueta Mina llegó la Expedición a mediados de noviembre con 15 miembros menos: dos del grupo francés y siete del venezolano, más seis peones, evacuados por la malaria unos y por agotamiento físico otros. Aquí levantaron un campamento y el día veinte, reanudaron las jornadas finales, solo el Mayor Franz Risquez Iribarren, doctor Luis Carbonell, profesor J. M. Cruxent, doctor Pablo J. Anduze, Félix Cardona Puig y su hijo, Raymond Pellegrie, Ildefonso Villegas, Pierre Ivanoff y 30 peones.
         Tomaron rumbo sureste sobre la Sierra Párima y luego de vencer las dificultades propias de raudales, cascadas y torrenteras que hicieron cada vez más difícil la navegación de las frágiles curiaras, llegaron, siete días después a un enhiesto farallón de 75 metros de altura de cuya entrañas emergía el agua cristalina que daba origen al Río Padre de todos los ríos de Venezuela. El origen del Orinoco, imponente curso de agua de 2.063 kilómetros de longitud, adosado en forma de arco a la roca cristalina del Escudo Guayanés hasta desembocar en el Atlántico por intricada red de caños y brazos, estaba allí, a los 2°19, 05´ 7” de latitud Norte; 63°21, 42´63” de longitud Este y una Cota Barométrica de 1.047, 35 metros de altitud en la frontera con Brasil.
         En el centro del cerro de la fuente fue clavado el Pabellón Nacional y un hito o poste geográfico en cuyas paredes se grabaron las siglas de los Ministerios (Defensa, Educación, Minas y Obras Públicas) y otras instituciones patrocinantes de la Expedición. Desde este punto el Comandante Rísquez Iribarren dirigió el siguiente mensaje: “A las 8:40 hora del día 27 de noviembre de 1951, la expedición franco-venezolana llegó al nacimiento del río Orinoco. Muy satisfechos y orgullosos nos encontramos todos por haber cumplido la honrosa misión que nos fue encomendada. Pueden tener la absoluta seguridad de que Venezuela ya conoce donde nace su principal río”.
         El cerro determinado entonces como la matriz o fuente primigenia del Orinoco, fue bautizado  “Carlos Delgado Chalbaud”, en memoria de quien dio aliento e impulsó a esta expedición desde la Presidencia de la Junta Militar de Gobierno, antes de ser asesinado en noviembre de 1950.
         No obstante, se ha sabido que una comisión mixta venezolana-brasileña, demarcadora de límites, constató que existe en el cerro “Francisco Duarte” una vertiente más larga y caudalosa, proveniente de un lugar de mayor altitud que en consecuencia podría ser la verdadera cabecera del Orinoco. Oficialmente no se ha informado nada al respecto y continúa como verdadero origen del Orinoco el punto de las coordenadas dadas a conocer desde 1951 por la expedición franco-venezolana.



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