domingo, 4 de septiembre de 2016

EL COLEGIO FEDERAL DE GUAYANA


Haciendo abstracción de la enseñanza impartida durante la Colonia, en este caso aislada e intrascendente, debemos señalar al Colegio Federal como el primer hito histórico de la educación en la Provincia de Guayana.
El Colegio Federal de Guayana es producto del advenimiento de la República y se instituyó por decreto de 13 artículos dictado en Bogotá el 27 de octubre de 1824. Entonces, Guayana formaba parte del Departamento Orinoco integrado a la República de Colombia y el cual comprendía las provincias de Guayana, Barcelona, Cumaná y Margarita.
         El decreto disponía que el Colegio, con sede fija en Santo Tomás de Angostura, tuviese una escuela de Primeras letras por el método lancasteriano, cátedras de gramática, de latinidad y filosofía.
         El método lancasteriano, creado por el educador inglés Joseph Lancaster (1778-1838), era bastante objetivo, desprovisto de ingerencia religiosa y aprovechaba a los alumnos destacados como monitores en la educación de sus condiscípulos. José Rafael Revenga, uno de los redactores del Correo del Orinoco y quien había estudiado el método en los Estados Unidos, ya había intentado, sin mucho éxito, establecerlo en Angostura previo entrenamiento de varios jóvenes.
         El Gobierno de Colombia destinó como sede del Colegio el Hospicio de los Padres Observantes (El Convento) que por estar en las afueras de la ciudad resultó inconveniente. Receptivo, el General Francisco de Paula Santander, encargado de la Presidencia de Colombia, dispuso entonces en atención a un pedimento, que se permutara a la Diócesis el Convento por la casa de los Jesuitas o “del Gobierno” como identificaban al inmueble donde se había reunido el Congreso de Angostura y el cual pertenecía a la Diócesis para la época grancolombiana. El avaluó del Convento fue de 26.243,49 pesos y el de la Casa de los Jesuitas, 12.715,37 pesos. Pero como transcurría el tiempo y el Colegio no se instalaba por falta de recursos económicos y profesionales, Monseñor Mariano de Talavera y Garcés, administrador apostólico de la diócesis de Guayana, había logrado que le cedieran temporalmente el edificio para establecer allí un Seminario, pero en eso vino la separación de Venezuela de Colombia y el Colegio aunque tardíamente, terminó instalándose allí, el 24 de junio de 1840, luego de una reformulación del decreto anterior por otro del Poder Ejecutivo de Venezuela del 8 de abril de 1834.
         No obstante que el Colegio fue objeto de un nuevo decreto en 1834, volvió a sufrir tardanza su instalación debido a las mismas dificultades anteriores, sólo resueltas en el curso de seis años por una Junta de Rentas que logró reconstruir el edificio que se hallaba en muy malas condiciones y asegurar ingresos fundamentados principalmente en las rentas que le producían los arrendamientos de los terrenos para hatos de las antiguas Misiones del Caroní que el Gobierno Nacional había adjudicado al Colegio para su usufructo.
         Los catedráticos que el Colegio requería no fue posible lograrlos en Caracas ni en otras partes del país. Los académicos parecían temerles a una ciudad tan cerca de la selva y consecuencialmente amenazada por zoonosis como el paludismo y la fiebre amarilla, por lo cual hubo que echar mano de los recursos habidos entre los vecinos de la misma ciudad.
         De manera que el Colegio arrancó sin Rector. Sólo con el catedrático de castellano, Andrés Eusebio Level de Goda, hijo del primer Rector del Colegio de Cumaná, haciendo las veces de Vicerrector, el catedrático de latinidad, Pbro. Rafael Cortés y 30 estudiantes. El Colegio no tuvo Rector sino a partir de 1842 cuando el Gobierno logró contratar al catedrático Elías de Valenzuela, quien inició el curso de filosofía previsto para completar la secundaria.
         Los estudiantes se dividían en dos clases: alumnos, los internos y escolares, los externos. Los primeros pagaban cien pesos anuales y los segundos no estaban obligados, pero podían contribuir espontáneamente. En este Colegio de índole nacional se permitía la escuela provincial de primaria letras, ya privada o dependiente de la municipalidad.
         En 1846, Elías de Valenzuela se separa de la Rectoría y el Colegio regresa a su status anterior hasta 1849 que recién graduado de abogado, Ramón Isidro Montes, en la Universidad Central de Venezuela, asume la dirección del Colegio, primero en calidad de Vicerrector y luego como Rector titular (1850-1854). Bajo su rectoría se graduaron los primeros bachilleres de filosofía y se crearon los cursos de Derecho, Medicina. Creó asimismo la cátedra de Literatura y fundó una escuela primaria para obreros y artesanos.
         Cuando el explorador Francisco Michelena y Rojas realizó su exploración oficial (1855-1859) hasta Bolivia siguiendo el curso del Orinoco y del Amazonas, se detuvo en Angostura y registró en su memoria esta impresión del colegio Federal de Guayana: “En estos últimos años la educación pública ha mejorado bastante: existe un colegio que contiene a la vez los tres grados de instrucción: elemental, secundaria y científica; y habiendo vivido en él las veces que visité aquella ciudad, me complazco en augurar que tal establecimiento como su rector (el Sr. Mantilla), hacen honor a la lectura de medicina y cirugía, cuyo profesor, el Dr. Plazar, generosamente, no solo renunciaba entonces a su estipendio, sino que dotó a la clase que regentaba de su gabinete anatómico. El estudio de las ciencias matemáticas, en todas sus partes, era también de nueva creación, bajo la dirección del mismo rector Montilla y del S. Olegario Meneses”.
         “Tan importante establecimiento, tiene elementos para llegar al grado de perfeccionamiento deseado; pues tiene rentas suficientes, con las fincas que posee, o más bien con el usufructo de los terrenos baldíos de Upata, sobre los que están fundados todos los hatos de ganados existentes en todo los que antes se denominaban “de las misiones”; rentas asignadas por el general Bolívar, con ese sólo objeto, el de promover la instrucción pública”.
         Ciertamente, como dice Michelena, para 1859 era Rector del Colegio, Alejandro Mantilla. Para entonces ya el Congreso Nacional, por decreto del 26 de marzo de 1852, había autorizado las Cátedras de Derecho, Medicina, Ciencias Eclesiásticas, Matemáticas y Filología.
         El Colegio percibía por concepto de arrendamiento de las tierras de las Misiones, ubicadas al Este del Caroní, Departamentos de Upata y Roscio, una renta relativamente importantes, la cual, para el primero de febrero de 1881 cuando el Gobierno de Guzmán Blanco dispuso su venta, se calculaba en un poco más de 24 mil bolívares.
         Las tierras fueron adquiridas por los propios ganaderos arrendatarios, a través de Antonio Liccioni, presidente de la Compañía Minera de El Callao, quien pagó por ellas al Gobierno la cantidad de 600 mil bolívares en oro.
         No hemos obtenido información de la posición o reacción del Colegio Federal y la comunidad con relación a la venta de las tierras misioneras que usufructuaba, pero si hubo disgusto por el destino que el gobierno pudiera darle a ese dinero, quedó compensado con la satisfacción que le produjo ese mismo año la elevación del establecimiento educacional al rango de Colegio Federal de Primera Categoría.
         El 16 de abril de 1896, el Congreso de los Estado Unidos de Venezuela completaría la obra elevando el Colegio Federal de Primera Categoría a la jerarquía de Universidad y disponiendo 30 mil bolívares para la reparación del edificio que se hallaba en muy malas condiciones. El decreto legislativo del cual dio cuenta el diario El Bolivarense el mismo día gracias a la velocidad del Telégrafo, entró en vigencia el 5 de mayo cuando el Presidente Joaquín Crespo le estampó el ejecútese.
         El primer Rector que tuvo la Universidad de Guayana fue el doctor José María Emázabal, descendiente de Emeterio Emázabal, primer artista plástico que tuvo Ciudad Bolívar. Emázabal se sostuvo hasta 1900 que el Presidente Cipriano Castro designó al Dr. S. Izaguirre, nombramiento que fue elogiado en el periódico “La Restauración Liberal” por el escritor Rufino Blanco Bombona, quien más tarde sería nombrado para desgracia suya, Gobernador del Territorio Federal Amazonas.
         Ese mismo año la institución perdió a dos de sus más distinguidos catedráticos, Dr. Felipe Jorge Lebrun y Alejandro Mantilla. El primero, miembro de la Facultad de Ciencias Médicas y catedrático de Clínica ginecológica y obstetricia, y, el segundo, Rector en 1858.
         La venta de las tierras misioneras decretada por Guzmán Blanco, la vino a sufrir el Colegio Federal de Guayana en septiembre de 1900 cuando el Presidente Cipriano Castro, urgido de dinero, liquidó varias Universidades del país, entre ellas la de Guayana. Entonces el Colegio bajó a segunda categoría bajo la protesta general de los bolivarenses y del estudiantado que publicó y envió un manifiesto al Director de Instrucción Pública, Félix Quintero.
         Hasta entonces y desde el 12 de julio de 1826, el Colegio había conferido 34 grados de bachilleres en medicina; 19 grados de bachiller en derecho; 9 en teología; 19 grados de doctor en Medicina; 16 grados en Derecho y 4 en Teología, según publica el diario El Anunciador de la época. Estaban por graduarse siete jóvenes de doctor en Derecho y cinco en medicina.
         La presión de los bolivarenses a través de cartas y manifiestos públicos logran que el Presidente Castro reconsidere su decisión y por Decreto del 11 de marzo de 1901, dispone la reinstalación de las clases de Ciencias Políticas y de Ciencias Médicas y abrir la Escuela de Minas. Dicho Decreto establecía que los cursantes podían optar al título de Doctor en el mismo Instituto o en cualquiera de las Universidades del país.
         Fue un decreto salomónico que terminó con la liquidación espontánea de la Universidad, pues muchos padres prefirieron, después de cursado el bachillerato, enviar sus hijos a la Universidad Central de Venezuela, dotada de mejores recursos profesionales y técnicos. En definitiva, Cipriano Castro dictó otro decreto el 7 de noviembre de 1904 privándolo de la facultad de conceder títulos universitarios. Reducido a un Colegio de Secundaria, el 15 de abril de 1937, el Presidente Eleazar López Contreras lo declaró oficialmente como tal con el nombre de Liceo Peñalver, en memoria de don Fernando Peñalver, eximio patriota venezolano, oriundo de Píritu, pero que jugó un rol importante en el Congreso de Angostura y en el Correo del Orinoco.


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