jueves, 15 de septiembre de 2016

AMARGO DE ANGOSTURA


Este preparado de abolenga raíz indígena, científicamente formulado por un médico alemán enrolado en la causa emancipadora, se fabrica en Trinidad desde fines del siglo pasado por causa de los gravámenes que había decidido imponerle el gobierno del Presidente Antonio Guzmán Blanco.
         De manera que lo que era nuestro, ahora no lo es y en el fondo los bolivarenses no saben a quien responsabilizar, si al gobierno guzmancista por incrementar las obligaciones impositivas que siempre están en la agenda del día o a los descendientes de Siegert por buscarle una salida tan enteramente crematística al problema.
         Había que pensar que si Juan Teófilo Benjamín Siegert, inventor y fabricante del Amargo Angostura, hubiera muerto el 13 de septiembre de 1870, habría hecho cualquier cosa, menos llevarse de Angostura el amargo que le había dado fama tanto a él como a la capital de Guayana en el mundo entero.
         La aromática como aperitiva y febrífuga bebida tenía gran demanda tanto en Venezuela como en todo el concierto de las Antillas, Estados Unidos, Inglaterra e importantes ciudades del resto de Europa.
         Mister Wiston Churchill era adicto al amargo y los turistas que visitan el “Ron Q” de Puerto Rico lo hacen atraídos por los deliciosos coktailes equilibrados con las oscuras gotas del “Angostura Bitter”. Lo igual puede decirse de algunos sitios de Alemania donde asombrosamente existe un cuadro denominado “Monumento al Amaro Angostura” conservado en uno de los Museos de Berlín. En Hong Kong, por ejemplo, uno de sus avisos publicitarios, gigantes, está destinado a promocionar la legitimidad del amargo en consideración a que existe diversidad de imitaciones.
         Aquí mismo en Ciudad Bolívar, Teodoro Minhard en 1875 y los Hermanos Mathison, en 1885, trataron de llenar el vació fabricando productos similares, pero éstos jamás pudieron competir. El Amargo Angostura de Siegert, mudado a la vecina Isla de Trinidad, seguía y sigue mandando en el mundo a pesar de que ya no utiliza la corteza de una variedad de quina que se producía en las Misiones del Caroní. De todas maneras se prepara con arreglo a la fórmula original, en Puerto España, por la Compañía Bitters (Dr. J. G. B. Siegert & Sons) Litd Sucesores.

         J. T. B. Siegert, médico cirujano berlinés que sirvió en el ejército de su país en guerra contra Napoleón, llegó a la Angostura del Orinoco el primero de agosto de 1820 para integrarse como médico cirujano al ejército patriota que luchaba para independizarse del colonialismo español.
         Siegert tenía entonces 24 años de edad y antes de llegar a Angostura había estado cinco meses en la isla San Thomas, a donde arribó el 25 de febrero de 1820 después de haber embarcado en Hamburgo junto con el Barón Von Eben, amigo de Luis López Méndez, agente diplomático de los patriotas en Londres y quien recomendó a Siegert que deseaba venirse a América después de un problema con su hermano Juan Teófilo por cuestiones de dinero.     
         Angostura para esa fecha tenía una Guarnición de 100 hombres y 200 milicianos. Sus zonas de mayor movimiento eran la calle El Comercio, la Plaza Angostura y el Hospital Militar que funcionaba donde está hoy la Plaza Centurión, en área del abandonado Convento Franciscano. Aquí en este Hospital comenzó a trabajar Siegert como médico traumatólogo con un sueldo de 80 pesos mensuales y bajo la dirección del doctor Burton. Tres años después, el 4 de julio de 1823, adquirió la ciudadanía grancolombiana. Para ese año ya Venezuela era un país totalmente libre y Angostura, menos agobiada por los asuntos de la guerra y la política, comenzaba a fortalecerse como plaza comercial del sur y tercer puerto más importante del país.
         Las transacciones comerciales se hacían prácticamente en las arenosas playas orinoquenses. Con un peso se podía comprar 30 libras de carne de res y 3 libras de casabe por medio centavo. Una tortuga de 120 libras costaba dos pesos y con medio centavo se podía comprar una cesta de 15 zapoaras. Abundaba la carne de animales de caza como venado, faisanes y patos, pero también abundaban enfermedades terribles de la selva como la malaria y la fiebre amarilla que los guayaneses trataban con corteza de quina macerada con ron y que más tarde con otros ingredientes botánicos Siegert convertiría en su famoso Amargo Angostura.
         Angostura para la época de Siegert no llegaba a los cinco mil habitantes. El distrito capital apenas si doblaba la cifra. El Alto Orinoco acusaba un censo de 569 habitantes y 740 en todo Río Negro y Casiquiare como se llamaba entonces al hoy Territorio Federal Amazonas, pero el puerto angostureño siempre estaba animado de fragatas, goletas, falcas, piraguas y balandras. En el Barrancón Nº 8 como se llamaba la parte oriental del Paseo Orinoco se remataban esclavos negros bozales de ambos sexos traídos por barcos negreros de la costa africana.
         Angostura tenía fácil comunicación con Europa y las Antillas dadas su proximidad fluvial con el Atlántico. Esta circunstancia estratégica la favorecía en el comercio de importación y exportación con influencia directa tanto en la propia provincia de Guayana como sobre la parte Suroriental y suroccidental de Venezuela.
         Los veleros de ultramar tomaban entre 18 y 20 días en cubrir la ruta Europa-Angostura y de regreso la travesía era más penosa, tardaba hasta un mes. El comercio interno con Barinas era bastante movido. Con destino a la Angostura la occidental provincia despachaba ganado mular, cacao, añil, algodón, azúcar y de regreso iban los productos manufacturados que provenientes de Europa se receptaban en Angostura. El llamado eje fluvial era entonces superactivo. Se remontaba el Orinoco hasta Cabruta. Luego se subía el río Apure vía San Vicente y finalmente se tomaba el río Santo Domingo para llegar a Barinas. Siegert muchas veces hizo esa navegación para cumplir con sus obligaciones asistenciales y explorar las posibilidades de la medicina botánica.
         Los angostureños y demás habitantes del Orinoco sentían entrañable respeto por el médico alemán hasta el punto de llamarlo “Padre”. Lo consideraban un patriarca. El propio Siegert lo confiesa en una carta que guardan celosamente sus descendiente directos María Siegert Grus e Hilda Siegert Mariani, casi toda una vida conectada con la C. A. Electricidad de Ciudad Bolívar.
         Siegert, quien además del alemán hablaba francés, castellano e inglés se casó en Angostura, primero en 1827 con María del Pilar Araujo y luego en segunda nupcias con la diecisieteañera Bonifacio Gómez Saa, en 1830. Este año llegó a ser Director del Hospital, posición que ocupó durante largo tiempo. De los dos matrimonios nacieron Carolina de Las Nieves, María Carlota, Juan Benjamín, María del Carmen, María Bonifacio, Trinidad, Carlos Luis y Alfredo. Los tres último fueron quienes decidieron reubicar la fábrica del Amarga Angostura en Trinidad.
         En 1833, Siegert fue admitido como miembro del Consejo de Médico Real de Halbertadt, al cual ya pertenecía su hermano Juan Teófilo, médico cirujano como él y con quien al parecer nunca pudo reconciliarse, aún después de 1932 cuando decidió reanudar las relaciones con su familia, de la que permanecía desconectado.
         Como Teniente coronel que era, solía este médico alemán uniformarse haciendo resaltar su aire prusiano. En las ocasiones especiales vestía casaca de tela azul oscura con cuello y ribetes bordados de plata, espada al cinto y sombrero; pantalones azul oscuro de cachemira blanca con galones plateados a lo largo de la pierna, guantes de cuero blanco y un bastón con empuñadura dorada. Montaba cabello y tenía buenos ejemplares de carrera. La gustaba tomar cerveza importada de Inglaterra y Norteamérica. Le atraía el baile y la música que ejecutaba en una pianola forte que había hecho traer de Luberck por 300 pesos. Era muy amigo de Dalla costa y George Blohm. En 1867 presidió al Junta que promovió los fondos para erigir la estatua del Libertador en la plaza mayor de Angostura. Mucho antes, 1848, el Gobierno de José Tadeo Monagas lo había distinguido con el título de “Médico Cirujano de los Ejércitos de la República” y concedido licencia indefinida con el goce de los dos terceras partes del sueldo. Siegert ejerció la medicina hasta 1858 cuando se retiró a la vida privada para morir doce años después.
         No obstante sus méritos como médico cirujano, traumatólogo, farmacéutico y hombre de importantes iniciativas cívicas, J. G. B. Siegert es más conocido por su Amargo Angostura, producto que es difícil decir que lo inventó, pues de alguna forma ya era conocido en toda la provincia. El lo que hizo en todo caso, fue patentizarlo y perfeccionarlo científicamente.
         Siegert había estudiado los beneficiosos efectos de la corteza del quino, prodigioso árbol de las altas regiones de las Andes americanos cuyas propiedades medicinales los aborígenes ocultaron por mucho tiempo a los españoles.
         Había estudiado la corteza del quino y sabía también de muchas otras plantas medicinales observadas y relacionadas por botánicos que exploraban las selvas americanas. Por eso, cuando se alistó como teniente coronel del ejército patriota y cirujano mayor del Hospital de Angostura, entabló relaciones con su sobrino Kunzel, gran botánico de Berlín, para proponerle un plan de recolección y estudio de plantas medicinales con fines farmacológicos.
         Durante sus periódicas visitas a los pueblos del interior de Guayana tratando enfermos y buscando plantas, Siegert verificó lo que le había comunicado su esposa, que en las Misiones del Caroní los nativos utilizaban la corteza de la cuspa contra las fiebres.
         Esta corteza llamada también “Corteza de Angostura”, “Quina de las Misiones del Caroní” y “Cúspira Febrífuga” la utilizaban los nativos después de cocida, por vía oral, contra la fiebre, cólicos y en baños contra las úlceras y hemorroides. Interesado por este preparado casero, estudió por un tiempo la planta y luego con otros aditamentos logró una fórmula más completa que al principio regalaba y posteriormente vendía en sus boticas de Ciudad Bolívar y Upata, las primeras fundadas en estos lados del Orinoco.
         Rápidamente el “Amargo Angostura” tomó cuerpo y fama como bebida aromática, aperitiva y febrífuga. Su demanda no se hizo esperar en el resto de Venezuela y puertos extranjeros con los cuales la capital de la provincia tenía fluida comunicación.
         En una noble casona, la marcada con el número 29 de la calle Igualdad que la separa de  la Catedral, estaban las instalaciones del Amargo Angostura, desmanteladas en tiempos de Guzmán Blanco para desde la vecina isla de los colibríes continuar agradando el paladar de los catadores del mundo.



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