jueves, 3 de noviembre de 2016

JUAN VICENTE CARDOZO


a Primera Municipalidad bolivarense, conformada por Lorenzo Lezama, José Luis Cornieles, José Tomás Machado, Felipe Delepiani, Guillermo Grillet, Tomás de Urbina y Casiano Bezares, se instaló bajo la presidencia de Juan Vicente Cardozo el primero de Enero de 1818, tras las elecciones del 8 de diciembre del año anterior.
         De manera que el angostureño Juan Vicente Cardozo, nacido el 29 de agosto de 1783, pasó a ser el Presidente del primer Concejo Municipal que tuvo la Provincia al quedar, por disposición del Libertador, supliendo como gobernador al General Manuel Cedeño, quien había salido a expedicionar sobre los llanos.
         Su primera Ordenanza, dictada el 8 de enero de 1818 está dirigida a ponerle freno a los problemas de los cadáveres arrojados al río, limosneros, prostitutas, libre tránsito por villas y ciudades, radicación de los amnistiados e irreverencias contra la Iglesia.
         Como que había quejas por parte del gobernador eclesiástico, Domingo Pérez Hurtado, puesto que el primer artículo de la Ordenanza establecida castigo severo contra “el que blasfemare contra ella (Religión Cristiana) y faltare a la reverencia debida al Santísimo Sacramento, a la Madre de Dios, a los Santos y a los Templos”.
         Angostura no tenía Cementerio. Los blancos criollos y españoles tenían su lugar seguro en la Catedral y quienes no, eran al morir sepultados en cualquier matorral o lanzados al Orinoco. Los patriotas, preocupados por la citación, dispusieron el establecimiento del Cementerio “y en este concepto se prohíbe que ninguna persona arroje al Río los cadáveres, ni los sepulten, sin orden de Párroco por exisgirlo así el orden y la facilitación del que debe observarse por aquel en el asiento de las partidas en su respectivo libro”.
         Tanto ayer como hoy –parece ser esto una constante inevitable o producto de los momentos de crisis económica- se llegaba hasta el extremo del abuso, incomodar a la gente con la solicitud de limosnas y colaboraciones invocando necesidades cristianas o humanitarias. Es por eso que Juan Vicente Cardozo prohíbe absolutamente pedir limosnas para cofradías o hermandades. Asimismo no debían hacerlo los mendigantes sin licencia del Gobierno.
         Estando el país en guerra a favor de la Independencia, amenazada y asediada constantemente la provincia por espías y conspiradores, necesario era ponerle control al derecho de transitar libremente. De suerte que fue disposición expresa del Gobernador y presidente edilicio impedir que ninguna persona eclesiástica, ni secular de cualquier sexo, saliese fuera de la Capital a dos leguas de distancia, para el interior, ni embarcados para los pueblos, villas y lugares de la provincia o las vecinas, sin llevar expresa licencia por escrito de las autoridades competentes. Para los aprehendidos sin este documento se establecía sanción de 25 pesos de multa y 50 ppara los responsables de embarcaciones con pasajeros sin el pase correspondiente y “según las circunstancias que concurran en la persona que contravenga, se le juzgará como sospechosa al Gobierno de la República”
         Ese año la viruela comenzó a causar estragos en la provincia y el gobierno se vio obligado a dictar un Bando ordenando que luego de enfermarse algún habitante de viruela o de otro mal contagioso, fuese denunciado ipsofacto al Alcalde de barrio para la ejecución de las providencias correspondientes. Lo mismo debían hacer los médicos y cirujanos latinos y romancistas a los cuales les tocara recetar pacientes, so pena los primeros de 6 pesos de multa y 4 los segundos. La mitad del producto de las sanciones se comprometía para el vestuario de la tropa y la otra para los gastos de justicia.
         Afortunadamente existía, desde 1798 que fue descubierta por el médico inglés Eduardo Jenner, una vacuna contra la viruela y no obstante que España había sido una de las propagadoras de esta vacuna en sus colonias, en la Provincia de Guayana no se conocía. De suerte que ante la emergencia hubo el Gobernador Cardozo que comisionar al Almirante Luis Brión para que la hiciese traer de las colonias extranjeras y el doctor Samuel Forsyth para que se abocara a obtener “el mismo Fluido en las Vacas, a cuyo intento practicará con el interés y actividad que ha manifestado al Gobierno todos los reconocimientos que crea necesarios, y para lo que se le facilitará cuantos auxilios pida”.
         La forma de vacunar entonces la viruela era inoculando el pus de animales enfermos de la llamada peste vacuna (coxpox), pues el científico ingles Jenner había descubierto que los enfermos que padecían la tal peste eran refractarios a la viruela.
         Y así como había que prevenir y atacar la viruela, había que hacerlo con otros males en constante acecho. La pérdida de la Provincia de Guayana fue un golpe noble para los realistas que la habían hecho inexpugnable. Angostura como lo previeron sus planificadores y fundadores era la puerta de entrada desde el mar hacia el interior de las minas y la ganadería. De allí que desde su toma por los patriotas hubieran intentado de algún modo recuperarla hasta con una especie de “Caballo de Troya” si era necesario. Al parecer así se proyectó, pero fue accidentalmente descubierto desde la Capitanía de Puerto que detectó la sospechosa frecuencia con que viajaba una Negra cuyo nombre y paradero jamás se supo, al igual que el destino de once tripulantes de la flota de Brión que junto con ella fueron aprehendidos tras decomisarle documentos que arrojaban luz sobre una proyectada rebelión. 
         La proyectada rebelión se habría estado gestando entre tripulantes de las embarcaciones pertenecientes a la armada en combinación con hispanos residenciados en las Antillas, pero con intereses en la Angostura del Orinoco. A tales tripulantes se les habría prometido en recompensa bienes de los habitantes afiliados activamente a la causa patriota.
         Esto dio lugar a que en el Bando del 8 de febrero de 1818, el gobernador Cardozo tocara el asunto en los siguientes términos:
         “El enemigo se vale de cuantos medios le dicta su ambición desmedida, y el odio e interés característico que anima y dirige todos sus pasos y movimientos, vela sin cesar en la destrucción del sistema liberal que felizmente se ha establecido y se disfruta en todo el territorio que domina la República de Venezuela. A los dignos defensores y habitantes de ella, les es privativo ser infatigable y superiores en la misma vela, para oponerse a los tiros de la injusticia, del desorden, y de la arbitrariedad, burlando las criminales ideas de los que cifran su felicidad en la ruina de nuestras personas, y en la inicua posesión de nuestras propiedades. De estos principios se deduce cuan interesante es aquella continua y no interrumpida atalaya; y en este concepto se ordena a todos, sin excepciones, que deben dar cuenta al Gobierno Político en esta capital, y a sus representantes fuera de ella, de cuantas noticias adquieran, y se les comuniquen por escrito o de palabra sobre sucesos favorables a las armas enemigas, que se propagan regularmente tan falsas como estudiosas; y del mismo modo de las cartas y papeles de autores conocidos o anónimos, y espías que por cualquier punto se introduzcan en esta Provincia; entendidos los contraventores de que serán, además de tratados como enemigos o sospechosos al gobierno Republicano, según las circunstancias del caso, destinados al servicio de obras públicas, y después al de las armas”.
         Bajo tales previsiones comenzaron a llegar las noticias, y una de ellas tenía que ver con la circulación de monedas dudosas o sospechosas, pues como era sabido, en la Provincia de Guayana como en las demás bajo el dominio de los patriotas solo se permitiría la circulación de la moneda cordón de oro y plata, vale decir, la Macuquina del antiguo régimen español y la Macuquina acuñada en Caracas en al segunda época de la República; sin embargo, el gobierno detectó la circulación de una moneda contrahecha, por lo que el bando de la misma fecha editado en la Prensa donde más tarde se editaría el Correo del Orinoco, amenaza con castigos severos tanto para los falsificadores de monedas como para los encubridores.
         Las averiguaciones conducirán más tarde ha encontrar en Barinas la fuente del dolo. El General Páez era el responsable. Privado de recursos en la Provincia de Barinas, aislado y sin un signo de convención para el comercio, se vio obligado a acuñar moneda por el molde de la Macuquina que hizo romper el gobierno de Venezuela en la segunda época de la Independencia.
         Le 18 de junio del mismo 1818, Bolívar dictará un Decreto de tres artículos sobre la materia: “Artículo 1º -La Moneda acuñada en al Provincia de Barinas no circulará en ninguna de las otras Provincia de Venezuela, en atención a que le falta la Ley, el peso y la perfección del signo-.   Art. 2do. –Tanto en aquella provincia, como en las demás de la República se prohíbe la circulación de otra Moneda que la de cordón de oro y plata: la Macuquina del antiguo régimen Español, y la macuquina acuñada en Caracas en al segunda época de la República-.    Art. 3ro. –Sin embargo de lo dispuesto en el Artículo precedente, en beneficio del crédito de la Provincia de Barinas, y para evitar los perjuicios que sufrirán los individuos que posean la Moneda expresada en el Artículo 1º correrá esta dentro de aquella Provincia en clase de provincial, mientras se amortiza por el Gobierno-”.
         Las casas de Angostura, hechas con piedras, barro, madera y tejas, encaramadas sobre un cerro rocoso, tenían poca posibilidad de perdurar en el tiempo sin un mantenimiento cabal y constante, de suerte que cuando quedaban solas o abandonadas mucho más se agravaba el riesgo.
         Como consecuencia del Sitio y Toma de Angostura, numerosos inmuebles quedaron abandonados y otros impactados por la artillería, situación que posteriormente fue aprovechada para el saqueo y desmantelamiento que hubo de frenarse con el siguiente Bando: “Es muy rápida la marcha con que están arruinando los edificios de esta Capital, ya concluidos y ya en fábrica por los que se han dedicado a destruirlos, reduciendo a leña sus maderas con perjuicio de los propietarios, y del ornato de la población, se prohíbe la continuación de este abuso y el contraventor además de pagar el valor de lo destruido, será destinado a los trabajos públicos por el término de tres meses”.
         Con multa y trabajo forzado se castigaba entonces a los delincuentes y los delincuentes no solo eran los marginados de Angostura sino tripulantes de embarcaciones que pasaban o llegaban por este puerto. El robo estaba en la orden del día, siempre lo ha estado en tiempos de guerra, de crisis, y Guayana pasaba por esos males para lo cual hubo que implementar prohibiciones y castigos. En esos días fueron robados pistolas y sables en el almacén de Mr. William Handerson, efectos de la Catedral así como prendas, alhajas, armas y géneros de otros almacenes y casas particulares.
         La gestión de Juan Vicente Cardozo como Presidente Municipal y Gobernador Civil duró hasta el 16 de julio de 1818, cuando hubo que poner al frente de esos cargos a un militar atendiendo a la situación de inseguridad y amenaza como consecuencia del estado de guerra que se vivía. Los sustituyó el General de Brigada Tomás Montilla. Cardozo más tarde sería diputado al congreso de Angostura.


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