sábado, 11 de febrero de 2017

LA GUAYANA ANTIGUA

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Lo que hoy conocemos como Estado Bolívar es la parte central de Guyana, casi la mitad de Venezuela y la tierra más antigua del continente sudamericano. Se le calcula una edad geológica aproximada de 3.500 millones de años, muchísimo más vieja que Los Andes y el resto de Venezuela. De manera que Guayana siempre ha sido tierra firme mientras el resto de Venezuela tierra inestable sujeta a procesos y alteraciones producidos por presiones de fuerzas orogénicas.
         Donde hoy se elevan Los Andes, por ejemplo, el mar cubría profundas depresiones hará aproximadamente 55 millones de años, mientras el Escudo guayanés-brasilero, aunque afectado por fuerzas internas, se mantuvo sobre el nivel de los mares.
         El Orinoco no era el mismo de la trayectoria y cauce de hoy. Es decir en el período pre-cretácico, hasta 3.500 millones de años atrás no se sabía cómo corría el Orinoco sobre la tierra positiva formada por el Escudo guayanés-brasilero que era lo único que existía de la América del Sur.
         Los geólogos J. N. Perfetti y José Herrero Noguerol, propusieron en el VI Congreso Geológico Venezolano la idea especulativa de que el Orinoco entonces ha podido ser el mismo Río Guaviare con salida Sur-Norte hacia el borde del Escudo al que después se agregó el Río Meta que en copiosa correntía bajaba de la formación cordillera cuando ésta emergía en pleno período terciario y el mar se retiraba a medida que la sedimentación iba tomando cuerpo.
         Podría decirse entonces que el Orinoco del período terciario –dos millones de años- divagaba desde su punto de confluencia con el Meta por y a lo largo de la depresión del actual Río Unare, hasta desembocar en el Mar de las Antillas por las abras de los canales Unare-Tuy-Naricual.
         Pues bien, en época más reciente –un millón de años- y a causa de una serie de fenómenos estructurales y geomorfológicos, el Orinoco comenzaría a declinar, como el minutero de un reloj, desde la desembocadura del Unare hasta lo que es hoy el Delta. En esa etapa de todo un proceso tormentoso, el Río Padre entró en reposo al encontrar su cauce actual, recostado sobre las rocas cristalinas del Escudo guayanés. Esto hace suponer, que el Orinoco moderno, el de la línea sinuosa descendente que va de Caicara hasta el Delta, debe tener entre 10 y 17 mil años aproximadamente, la misma edad que se dice tiene la aparición de los primeros habitantes de Guayana.

Primeros habitantes

         Los primeros habitantes de Guayana datan de hace unos 17.000 años si nos atenemos a la edad inducida por el método del carbono 14 aplicado a los restos de la utensilios cerámicos, armas y herramientas hallados en excavaciones hechas en distintos sitios, entre otros, por los doctores J. M. Cruxent, Irwino Rouse, Mario  Sanoja y Eduardo Jahn.
         Según el doctor Eduardo Jahn, con quien conversamos varias veces sobre el tema, el hombre precolombino llegó a Guayana mucho después  que a otros sitios de Venezuela. El primer habitante del país se conoció en la zona del Estado Falcón, a donde llegó hace 27.000 años, de acuerdo con los trabajos del doctor J. M. Cruxent. Los estudios de Jahn dan una captación segura de unos 10.000 años para el primer hombre llegado a Guayana, pero otros investigadores como el mismo Cruxent, piensan que puede tener 17 mil años.
         El doctor Eduardo Jahn, alumno del profesor Cruxent y descendiente de una familia de investigadores venezolanos, entre ellos, Alfredo Jahn, descubridor de la famosa cueva de su nombre al Norte de Barlovento, piensa que el primer hombre de Guayana, vino de la región norte del continente. Se ha comprobado ampliamente desde el punto de vista arqueológico y antropológico que este hombre provenía a su vez del Asia a través del Estrecho de Bering y los de Asia provenían del África, donde se ha demostrado que se encontraron los primeros hombres.
         Los primeros habitantes de Guayana, pues, procedían de esa gran inmigración que fue bajando de Norteamérica hasta el Sur. Otros desplazamientos humanos al Orinoco se registraron desde el norte del Río Amazonas y desde las islas antillanas.
         En cuanto a restos humanos, los más antiguos hallados en Guayana datan de 900 años, pero no son completos. Es difícil que se conserven intactos debido a que Guayana es región lluviosa, de suelos ácidos, lo cual hace que los restos humanos se descompongan fácilmente.
         Desde hace más de 10 mil años sólo se conocen obras de piedra o artefactos líticos. La piedra por duradera es lo único que ha quedado como también el carbón puesto que ese hombre ya conocía el fuego. Fabricaba especialmente la lanza con una punta  de jaspe muy bien labrada, jaspe de todos los colores.
         Los poblamientos humanos más antiguos de Guayana han sido ubicados en Caroní Medio y zonas al norte de la Gran Sabana. Las  llamadas culturas cerámicas, la Arauquinoide y Barranciode, florecieron, la primera hace cuatro mil años, en la región que ocupa Caicara de Orinoco, extendida hacia otros sitios de Venezuela y, la segunda, mil años después, en el Delta del Orinoco. Luego de la llegada del conquistador emigraron al Sur.


Cultura primitiva

         Cristóbal Colón y los demás expedicionarios que nos incursionaron a partir de 1492, encontraron un continente virgen con diseminados focos de cultura en zonas del litoral marino, riberas lacustres y fluviales, altiplanicies y valles montañosos. Culturas distintas a la de ellos en su religión, modo de producción, gobierno, organización social, arte, creencias y costumbres y no por ser culturas distintas eran inferiores en su contenido y resultados. Había ventajas indudablemente como en el sistema de navegación. Los hispanos surcaban las aguas en grandes veleros mientras los indios apenas dominaban la técnica de la curiara. Los hispanos eran diestros en el manejo de armas como la espada en tanto que el indio lo era con la flecha y la macana.
         El modo de producción del indio se basaba en la pesca, la caza y la recolección en forma de trabajo y disfrute comunitario en tanto los hispanos practicaban el mercantilismo y sabían de pastoreo y agricultura con métodos más productivos que los rudimentarios del indio americano.
         El indio tenía una justa valoración de su cultura y una conciencia clara de la libertad y sus derechos, de manera que cuando los hispanos perdieron la perspectiva y violentaron la generosidad del indio de lo cual el mejor ejemplo son la hospitalidad y los frutos ofrecidos cuando llegaron por primera vez, estalló la guerra.
         Estalló la guerra entre quienes estaban y permanecía desde diecisiete mil años o más y los recién llegados con pretensiones de predominio y conquista.
         No fue fácil para los hispanos con sus cascos, recias armaduras, con sus lanzas, caballos, y arcabuces, someter a los habitantes autóctonos del continente. Hubo tenaz resistencia y, según los cronistas, en el cerro El Totumo de la provincia de Guayana se registró una de las matanzas más grandes de españoles cuando enviados por Antonio de Berrío desde Santo Tomás de Guayana, se dirigían al encuentro de la misteriosa Manoa, una supuesta ciudad donde la arena se confundía con el oro. De 300 sobrevivieron 30 y de allí se desprende la leyenda relativa a Nuestra Señora de las Nieves, patrona de Ciudad Bolívar.

Demografía aborigen

         Para la llegada de los conquistadores se estima que la población del continente era de unos ocho millones de habitantes y su cultura o civilización estaba en varios estadios. La de Venezuela, por ejemplo, se apreciaba en una escala menor que la de los Chibchas de Colombia, Los Incas del Perú, Los Aztecas de México y Los Mayas de Centroamérica que se tienen como los más avanzados de entonces.
         Apenas once familias lingüísticas se localizaban en Venezuela: la de los auakes, calianos, shirianos, yaruros, sálibas y guaraunos diseminados en las cuencas de los ríos de toda la Guayana (Bolívar, Amazonas, Delta Amacuro); los Otomanos en llanos del sureste de Venezuela: los Jiraharas, en Lara, Falcón, Zulia y Yaracuy; los Timotes, en los Andes; los Aruacos que ocupaban la parte norte de Venezuela y los Caribes, nación belicosa más reciente que dominaba todas las regiones fértiles del norte venezolano.
         De acuerdo con los Censos de población indígenas más reciente, Venezuela tenía 314.772 individuos para 1992. Esta población pertenece a un total de 26 etnias, siendo la Wayuu (Goajiros) la más numerosa, pues sus 179.318 integrantes representan 57% del total de la población indígena nacional. También tienen volúmenes importantes los Warao (Delta) 24.555 personas equivalente al 7,8 % del total; los Pemón (Gran Sabana) 20.607 individuos igual al 6,5%; los Yanomami, 15.193, 4,8%; los Añu, 12.969, 4,1%; los Piaroa, 11.915, 3,7%. Estos últimos en Amazonas; y los Kariña, 10.490 = 3.3% en Anzoátegui. La etnia más pequeña son los Mapoyo en le Estado Bolívar, cuyos 186 miembros representan el 0,05% de la población indígena nacional. 
         En Guayana (Bolívar, Amazonas, Delta) los grupos étnicos más antiguos, sucesores directos del hombre venezolano que vivió unos 17 mil años cazando animales gigantes como el Gliptodone y el Magaterio, son los Warao del Delta, los Sanemá y Yecuana llamado también Waica, Guaharibo o Sharishana que viven en el Alto Orinoco y en casi todos sus afluentes superiores. Los Yanomami habitan en la Sierra de Maigualida.
         En orden de antigüedad le siguen los Arahuacos -3 mil años-, en Río Negro y Guainía, agricultores e inventores de la cerámica, representados por los indios Bariva, curripaco y piapoco, entre otros.


El pueblo Caribe

El gran pueblo Caribe, predominante en casi todo el Estado Bolívar, es más reciente. Llegó a Venezuela unos siglos antes que los españoles y se halla actualmente representado por los Pemón, en la Gran Sabana; los Kariñas, en la zona de Moitaco; los Panare y Mapoyo en zonas bajas del Caura y Cuchivero y los Maquiritare en el Alto Caura, Erebato, Ventuary, Padamo y Alto Orinoco.
         Todos los representantes Caribe tienen en común unas lenguas semejantes, ricas y muy expresivas extendidas en la mayor parte de la topografía de Guayana. Su cultura y su filosofía del mundo y de la vida son totalmente distintas a la etnias antiguas.
         Viven en churuatas que son amplias viviendas cónicas hechas de palma y madera en las que pueden albergarse hasta 50 personas. La alimentación se basa principalmente en productos agrícolas (yuca, maíz, topocho), cultivan el totumo que los provee de recipientes domésticos. Para la caza se valen de la cerbatana, del barbasco y del arpón para la pesca. Quienes se encargan de la mayor parte del trabajo agrícola son las mujeres. Con la yuca amarga elaboran el casabe a través del típico rallado y el sabucán. Su bebida  preferida es el agua y se embriagan con el yare y el cachire. El jefe de la comunidad es el de mayor edad. Prevalece la endogamia local aparentemente, pero existen lazos exogámicos interlocales. Tienen Chamames o brujos para curar las enfermedades. Su religión gira en torno al animismo. Creen en los astros, plantas, animales y fenómenos naturales. Los Panare, por ejemplo, se creen hijos del Moriche. Para ellos hay espíritus o genios vigilantes de su conducta, la cual según el caso premian o castigan.
         En resumen,  la población indígena de Guayana pertenece en su mayoría a la cultura del bosque tropical suramericano, fundamentada principalmente en la práctica cíclica y rotativa de la caza, la pesca, la recolección y la agricultura conuquera. Su organización social está regida por las relaciones de parentesco y el sistema económico orientado hacia la autosustentación con un modo de producción-consumo comunitario e igualitario. El trabajo es dividido de acuerdo con la edad y el sexo.
         El peligro de extinción de las poblaciones indígenas y manifestaciones culturales está en un proceso que alienta la falta de una política de protección y defensa ante el decrecimiento demográfico por enfermedades extrañas al medio, proceso de transculturación que los lleva a perder su identidad, a asumir conductas socio-patológicas y, finalmente, por el despojo arbitrario y violento de sus tierras ancestrales.
         Lino Duarte Level, historiador nacido en Angostura el siglo diecinueve, sostiene que los arucas, descendientes de la raza de los tupíes, indígenas del Sur de la América Meridional, fueron los primeros pobladores de Guayana y también los inventores de la hamaca, los propagadores del cultivo del tabaco y del maíz. Se dedicaron a la cerámica y canjeaban sus productos con otras tribus. 
         Después de los arucas vino del mismo sur la raza Caribe que invadió las Antillas desde Venezuela y no al contrario como algunos investigadores afirman. Los Caribes que en un comienzo fueron sometidos por los arucas, se sublevaron y al final se reafirmaron como raza más fuerte.
         Los tupíes, los arucas y los caribe, pertenecen a un mismo grupo lingüístico, aunque con variedad somatológica debida a las circunstancias de estar ampliamente diseminados.
        






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