miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA DIÓCESIS DE GUAYANA


El 20 de mayo de 1790, Su Santidad el Papa Pío VI, a solicitud del Rey Carlos IV, dispuso la creación de la Diócesis de Guayana en razón de la distancia que la separaba de la sede de Puerto Rico.
Para ejercerla preconizó a Monseñor Francisco de Ibarra y Herrera, Obispo de la Diócesis, con jurisdicción sobre la Guayana española y la Nueva Andalucía que entonces abarcaba Cumaná, Nueva Barcelona, Maturín, Delta Amacuro y las islas de Trinidad y Margarita.
¿Por qué Guayana y no Cumaná que era la ciudad primogénita, ni Margarita ni Barcelona que estaba más adelantada y desarrolladas? El Padre Hernán González Oropeza cultiva dos hipótesis: la primera, evitar los celos y resquemores que hubiera podido crear instalar la Diócesis en Barcelona o en Cumaná que para entonces  tenían casi la misma población y se desarrollaban y crecían en una constante pugna, mientras que Guayana tenía la ventaja de que no era ni al una ni la otra. La segunda es una razón geopolítica según la cual el Estado español quería, por encima de todo, contribuir de la mejor manera posible al desarrollo ulterior de Guayana y a la incorporación a la misma de todas las Misiones.
         Monseñor Francisco de Ibarra y Herrera, nativo del pueblo andino de Guacara, no entró en posesión de la nueva Diócesis de Guayana sino inmediatamente después del 27 de mayo de 1792 cuando ocurrió su consagración en Puerto Rico.
         En el Decreto de creación de la Diócesis se establece destinar para Catedral la Iglesia más grande y decente, igualmente la asignación de cuatro mil pesos por dote de la nueva masa episcopal “para que el futuro Obispo de Guayana pueda con decencia y sin perjuicio de la rentas y productos de dotación de la mesa episcopal de Puerto Rico, mantener la dignidad del Prelado; y para cada uno de los dos Canónigos que le asisten en las funciones episcopales, la de seiscientos que se pagarán del Real Erario”.
         Monseñor Ibarra estuvo hasta 1799 cuando lo designaron primer Arzobispo de Caracas. En su lugar fue preconizado y consagrado Monseñor José Antonio García Mohedano (introductor del café en la Provincia de Venezuela). En 1802 el prelado informó al Consejo de Indias que los trabajo de la Catedral se hallaban paralizado porque el ex-Gobernador Miguel Marmión había dispuesto la renta del estanco del guarapo para proseguir la fábrica de la Cárcel. “En fin –se lamento- la Iglesia de Guayana nada menos parece que Catedral y puedo asegurar a S. M. que las funciones del culto divino se celebran con más esplendor y decoro que en ella, en las pocas iglesias de las rurales, especialmente en las misiones de los capuchinos catalanes”.
         El 22 de septiembre concluyo el mandato de Marmión, quien al pasar a la gobernación de Florida es sustituido en Guayana por Luis Antonio Gil.


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