martes, 31 de enero de 2017

SIR WALTER RALEIGH


Soldado, navegante, pirata, explorador, poeta, escritor y cortesano, Sir Walter Raleigh vivió obsesionado por el vasto, hermoso y rico imperio de Guayana que al final lo condujo al cadalso por voluntad expresa de Jacobo Primero, Rey de Inglaterra y esposo de la Reina Virgen que en vida lo consintió y lo colmó de privilegios.
Nació en 1552, en Hayes, estancia de su familia en Devonsahire, donde recibió excelente educación. Ingresó a uno de los Colegios de la Universidad de Oxford e interrumpió sus estudios para alistarse en Francia al lado de los hugonotes seguidores de Calvino que eran perseguidos a sangre y fuego por los católicos. La Reina Isabel I, cabeza suprema de la Iglesia anglicana de Inglaterra, favorecía a todos aquellos que como Raleigh se alistaban contra el catolicismo y contra el imperio español de Felipe II, de manera que de vuelta a su patria y antes de los 30 años ya era Capitán del ejército y como tal ingresó a al Corte de la reina Isabel, quien desde el primer momento se sintió atraído por la galantería, el vigor, talento y espíritu de aventurera del joven oficial.
         Raleigh a esa edad ya tenía una sólida experiencia como soldado en varios países europeos y como marino ambicioso al lado de su  hermanastro Humphry Gilbert, con quien protagonizó increíbles aventuras explorando Terranova y otras regiones norte del Nuevo Continente. La Reina Virgen como era llamada Isabel por su eterno celibato, practicaba una política internacional que consistía en arrebatarle a España su hegemonía sobre Europa y el mundo colonial. Raleigh con premeditada inteligencia ligó su ambición y espíritu de aventura a esos planes de soberana prepotencia logrando obtener de la Reina cuantiosos favores traducidos en feudos, privilegios comerciales y derechos de colonización que lo llevaron en 1585 a organizar una expedición con numerosos colonos para fijar la primera base de la colonización inglesa en el Nuevo Mundo. Surgió así Virginia, la actual Carolina del Norte, capital Raleigh, en honor a la Reina Virgen.
         Raleigh participó en la batalla naval que acabó con la poderosa armada invencible de España y a partir de 1586 se transformó al igual que Drake, Essex y Hawkins en un corsario terrible que azotó las Azores y las costas de América. Estando en Inglaterra tuvo acceso a documentos enviados a España e interceptados en alta mar por el inglés Jorge Popham referente aquellos documentos soñó bajo la gracia de la Reina Virgen, con la posibilidad de una expedición al vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.

El vasto imperio de Guayana

         La obsesión de la Reina Virgen era un imperio colonial superior a la de su vecina España, de ser posible, a costa de los mismos territorios conquistados por la Península y en esa dirección estaban diseñados los proyectos de agresión y piratería que ejecutaban de manera cruel y grotesca sus caballeros, condes y capitanes lanzados a la aventura del mar.
         Walter Relaigh era uno de ellos y la documentación interceptada por Jorge Popham le sirvió para llegar en 44 días al pórtico del vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.
         Zarpó en febrero 6 (1595) de Plymouth y el 22 de mayo San José de Oruña con su Gobernador Antonio de Berrío, soldados y habitantes quedó bajo su poder, Berrío a cambio de respeto para su vida lo proveyó de todo cuanto Raleigh inquirió sobre aquellas nuevas e inmensas tierras que se extendían como un paraíso ante sus ojos y siguió la recomendación de penetrarlas utilizando las lanchas de sus cuatro navíos.
         En carta del Gobernador de Santo Domingo al Rey español Felipe II se informa que Raleigh remontó  el Orinoco hasta las Bocas del Caroní y luego exploró este último río hasta los saltos y raudales donde se hallaba asentada la comunidad del cacique Morequito, con la que pudo entenderse e intercambiar cosas.
         Raleigh, después de varios días en tierras de Morequito indagando a través de interpretes sobre la grandeza, posibilidad y riquezas de la comarca, decidió retornar a Trinidad donde estaban anclados sus navíos, pero no sin antes convenir que allí quedaron dos de sus hombres mientras él se llevaba dos uayanos a objeto de que cuando volviese las cosas se le facilitaran. 
         Ya de vuelta, en Trinidad decidió borrar todo vestigio adverso a la pretensión imperial inglesa, de manera que San José de Oruña se transformó en ceniza y sus habitantes decapitados fueron sepultados bajo las ruinas. Raleigh levó anclas y luego trató inútilmente hacer lo mismo con Cumaná, donde una resistencia feroz lo obligó a cesar la hostilidad y entregar al prisionero Antonio de Berrío a cambio de marinos suyos capturados en medio de fragor.
         Incursionó con mala fortuna hasta Río Hacha en Colombia y poco después de regresar a su patria fue encarcelado en la famosa prisión normanda la Torre de Londres, acusado de conspirar contra su Majestad el Rey Jacobo, sucesor de Isabel, quien había sido su protectora.
         Allí encerrado durante trece años escribió un fabuloso libro tratando de justificar ante detractores y fiadores de su empresa expedicionaria, que había descubierto un mundo sobre el cual debía insistirse en plan de conquista, un mundo extraordinario, rico, con montañas de cristal y palacios de oro, donde había mujeres amazonas sin marido, increíbles seres con el rostro en el pecho y ríos cuyas aguas ingeridas en determinadas horas podían producir la muerte o la eterna vida. Aquel mundo de las mujeres cabalgando, de ríos misteriosos y de Ewalpanomas no era otro que el vasto, hermoso y rico imperio de Guayana.

La Montaña de cristal

         Walter Raleigh habrá de volver atraído por el señuelo alucinante del Cacique Dorado, dueño y señor de la Manoa que seguramente estaba  entre aquellos tepuyes que enervaban su mente, el creía que los  tepuyes o mesetas eran señales que conducían hacia la fabulosa ciudad. Estaba increíblemente sugestionado por lo que le había contado don Antonio de Berrío mientras fue su prisionero. Tanto que durante la primera expedición se aventuró a ver si podía escalar la montaña, pero le fue imposible, surgieron  innumerables inconvenientes y no le quedó más remedio que contemplarla de lejos:
         “…he sido informado acerca de la existencia de la montaña de Cristal a al cual, debido a la distancia y a la estación del año, no pude llegar, pero la vimos desde lejos y daba la impresión de que era la torre de una iglesia de gran altura. Desde arriba, cae un gran río que no toca el costado de la montaña en su caída, porque sale al aire y llega al suelo con el ruido y clamor que producirían mil campanas gigantes golpeándose unas contra otras. Yo creo que no existe en el mundo una cascada tan grande ni tan maravillosa. Berrío me dijo que en su cumbre hay diamantes y piedras preciosas que se ven brillar a la distancia. Pero lo que  ella contiene, yo no lo se, ni él, ya que ninguno de sus hombres ha logrado ascender por el costado por la hostilidad de los habitantes del lugar y las dificultades que hay en el camino”.

         Esa Montaña de Cristal, posiblemente Roraima, hará que Raleigh regrese comandando una segunda expedición, pero ella lo conducirá, no a la fabulosa Manoa, sino tanto a él como a su hijo a una muerte trágica segura. Mientras tanto, son  muchos lo acontecimientos ocurridos en Guayana, entre ellos, la existencia de una ciudad que anteriormente no existía y que lo atajará con sangre y fuego en el camino.

lunes, 30 de enero de 2017

SANTO TOMÁS DE GUAYANA


El 21 de diciembre de 1595, día consagrado a Santo Tomás, el apóstol de “ver para creer”, don Antonio de Berrío (nacido en Segovia en 1527) fundó la capital de Guayana, provincia que había sido tomada con toda la ceremonia tradicional de la época, el 23 de Abril de 1593 por su lugar teniente Domingo de Vera e Irbagoyen.
            Con el nombre onomástico de Santo Tomás de la Guayana, la fundó ocho kilómetro al oriente de la desembocadura del río Caroní, con diez margariteños que lo acompañaban y 30 cartagineses enviados bajo la ilusión del dorado por su hijo Fernando, quien desde la isla de Margarita, gobernada por Pedro Salazar, había viajado a Nueva Granada con ese fin.
            Berrío, antes de buscar y encontrar el sitio convenientemente estratégico para fundar la capital de la provincia, había permanecido con los hombres que le facilitó el gobernador  de Margarita, en las tierras de Morequito, a quien había hecho ejecutar con el Maestre Domingo de Vera al darse cuenta que el cacique astuto le estaba jugando dos cartas.
            Berrío sabía que con sólo 30 hombres aquella ciudad no sobreviviría y por ello con antelación tomó la previsión de traer de España unas cuantas familias cuyos miembros no pasaran de 300, misión ésta encomendada a su lugar-teniente Domingo de Vera e Irbagoyen, pero de Vera hizo tan bien su trabajo en la península ibérica que en vez de 300 trajo 2.000 personas, expedición que ha pasado a ser la más numerosa y tan exagerada como inconveniente dado que no había viviendas ni alimentos, por lo menos para los primeros meses de asentamientos a partir de 1596 cuando los barcos con su aventurado contingente humano fondearon en la Isla de Trinidad.
            Para salir del congestionamiento ocioso, el gobernador Antonio de Berrío organizó una expedición de 300 hombres en busca de El Dorado, pero ésta no fue más allá del Cerro El Totumo (Upata), donde los doradistas fueron masacrados por las invadidas como zaheridas tribus del lugar. Solamente 30 sobrevivieron a la gran matanza, encomendados muy devotamente a la virgen romana Nuestra Señora de las Nieves, pero enfermos, haraposos, hambrientos y con el alma contra el suelo. El Gobernador Berrío desolado y todo consternado decayó por aquellos días aciagos y pronto habría de llegarle la muerte. Falleció en 1597 y dejó la provincia en manos de su hijo  Fernando, menor de edad, a quien le tocó inaugurar el Siglo XVII.
            Guayana, aunque había sido declarada Provincia el 20 de mayo de 1530, a raíz de la designación de don Diego de Ordaz como su Gobernador y Capitán General, fue don Antonio de Berrío, quien realmente la diseñó como tal en el curso de las expediciones iniciadas por Gonzalo Jiménez de Quesada y que él hubo de continuar hasta la fundación de Santo Tomás de la Guayana.
            Para 1595 cuando fue fundado Santo Tomás o Santo Tomé de Guayana, sólo existían las Provincias de Trinidad (1516), Margarita (1525), Venezuela (1528), Nueva Andalucía (1568) y La Grita (1575).  Mérida (1608), Maracaibo (1676) y Barinas (1786) fueron posteriores.
            Las provincias tenían gobierno propio, pero dependiente jurídicamente de la Real Audiencia. Las Provincias de Margarita, Nueva Andalucía y Venezuela, estuvieron dependiendo de la Real Audiencia de Santo Domingo, mientras que Trinidad, Guayana, la Grita, Mérida y Maracaibo, de al Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. En 1786 al crearse al Real Audiencia de Caracas, las seis provincias existentes para entonces, quedaron sometidas a esa jurisdicción que dio lugar a la República actual a partir de 1811.
           


sábado, 28 de enero de 2017

Gobernador Fernando de Berrío y Oruña

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A la muerte de don Antonio de Berrío, fundador de Santo Tomás (o Tomé), cuyos restos quedaron sepultados en un santuario religioso, heredó la gobernación su hijo Fernando, de veinte años y, por tanto, el mandatario más joven que ha tenido Guayana en todos los tiempos.
Antonio de Berrío, su padre, falleció un año antes que su Rey Felipe II a nombre del cual tomó posesión de Guayana y con quien era coetáneo y por cuanto el gobierno le fue otorgado por dos vidas, hubo de sucederle su primogénito Fernando al igual que a Felipe II lo sucedió su hijo de veinte años Felipe III, quien por su inexperiencia puso los grandes asuntos del Estado en manos del duque de Lerna. España, no obstante ser la primera potencia de la tierra, distaba de estar en su mejor momento.
            Don Antonio tampoco le había dejado a su hijo una provincia próspera, aunque sí muy grande en extensión, despoblada y llena de penalidades, pero Fernando, aunque muy joven, casi en la minoría de edad, tenía fuerza, valor, y voluntad de mando, lo cual le valió de mucho para sacar a flote aquel villorio de ciudad en ciernes. Lo logró, pero burlando mandatos reales que impedían el comercio de contrabando y el tráfico de indios capturados por mercaderes holandeses en Barima.
            A conocimiento del Consejo de Indias llegaron por vía de Santa Fe de Bogotá sus ilícitas transacciones que al final le costó al joven Gobernador de la provincia un juicio de residencia y como corolario el castigo de perder su heredado Gobierno, el cual quedó en 1612 en manos de su propio Juez Sancho de Alquiza, quien venía de ser Gobernador de la provincia de Venezuela. Pero don Fernando, inconforme, se fue a España a poner en claro su actuación ante la Corte, lo que logró cuando ya Sancho de Alquiza, cumplido un mandato de dos años, había sido sustituido por Diego Palomeque de Acuña.
            De manera que para poder reconstituirse de por vida como Gobernador de  Santo Tomé de la Guayana, debía aguardar que Palomeque de Acuña cumpliera su período de cuatro años. Eso se propuso de vuelta, pero residenciado en y a la orden del gobernador del Nuevo Reino de Granada. 
            Fernando de Berrío sucedió a su padre en el gobierno en 1598, pero su gestión por lo ya explicado, fue interrumpida en 1612. Durante ese tiempo -14 años- hizo un gobierno económicamente estable, durante el cual introdujo las primeras reses desde San Sebastián de los Reyes y fomentó la siembra del tabaco, de gran demanda y comercia con los holandeses.
            El Gobernador en tiempos de la Colonia era el jefe Político a la vez Juez Provincial y Presidente del Cabildo de la ciudad capital. Duraba teóricamente ocho años en el cargo, pero podía ser removido o ratificado y estaba sometido a los “Visitadores Reales” y a los Juicios de Residencia.
            Precisamente, Sanchos de Alquiza cuando vino a Guayana no fue como Gobernador sino como Comisionado del Rey para formar Juicio de Residencia a Fernando de Berrío y Oruña contra quien gravitaban denuncias graves.
            Sancho de Alquiza lo halló responsable de 38 faltas, entre las cuales destacaban sus negocios nada lícitos con los holandeses del Esequibo en los que se mezclaban el comercio del tabaco con la captura y venta de indios.
            A cambio de indios y tabaco, los holandeses suministraban a Santo Tomás toda clase de artículos y mercancías. Esto era ilícito porque de acuerdo con las leyes del Consejo de Indias no se podía comerciar sino con las propias colonias españolas y esto hacía muy difícil la vida de Santo Tomás de la Guayana que entonces contaba con un centenar de vecinos.
            Sancho de Alquiza rompió toda relación con los holandeses y el primer barco que penetró por el Orinoco durante su gestión lo capturó y artilló la ciudad con los cañones sacados a ese navío. Asimismo sacó a los ingleses de los Caños de Arature, Barima y Mazaruni. De suerte que el Juez de Residencia  no perdonó en nada las faltas de don Fernando y lo remitió como reo ante el Consejo de Indias que terminó anulando su mandato y designando en su lugar a Diego Palomeque de Acuña.
            El riguroso y enérgico Juez Alquiza no aguardó a que llegara el legítimo sucesor de Fernando sino que alistó su equipaje y se marchó a Cartagena a reunirse con su familia. El rey de España lo nombró más tarde Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba, de donde era nativo.




jueves, 26 de enero de 2017

Gobernador Diego Palomeque de Acuña

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Diego Palomeque de Acuña fue designado Gobernador de la Provincia de Guayana para un período de 4 años.  Vino de España junto con Fernando de Berrío a quien dejó en Nueva Granada, mientras él, suficientemente informado de su futuro destino, pasó el 8 de noviembre de 1615 a tomar posesión de Santo Tomás, luego de navegar los ríos Meta y Orinoco. Ya Sánchez de Alquiza hacía dos años que se había ido y dejado como encargado del Gobierno a Antonio de Mújica y Builtron.
Santo Tomás de la Guayana era entonces el Convento de San Francisco, en la cumbre de un cerro, con perfecto dominio del Orinoco y abajo un grupo de viviendas esparcidas donde moraba un poco más de cien personas, entre ellas, el primer alcalde Juan de Lezama: el segundo alcalde, García de Aguilar: el Cura y vicario. Fray Francisco de Leuro y el Guardián del Convento, Fray Juan de Moya.
            La mitad de la población estaba capacitada para manejar las armas. Eran soldados y aparte de los arcabuces y mosquetes individuales, la defensa de la ciudad se reducía a dos piezas de artillería emplazadas en el Convento, dos pedreros junto a la Iglesia y dos más en el Cuartel. Casa del Gobernador más seis cañones livianos.
            La vida política, civil y económica de Santo Tomás transcurría de lo más ordinario dentro del esquema organizativo implantado por el Gobernador y con el cual en algunos aspectos no estaba de acuerdo el Cabildo, hasta el 10 de julio de 1617 en que se recibió noticia de España sobre posible invasión por parte de piratas ingleses. Se trataba de una expedición –la segunda- del caballero Sir Walter Raleigh, la cual concibió mientras estuvo encerrado en la Torre de Londres (Prisión del Estado desde la época de los normandos), por haber sido hallado incurso en el delito de conspiración contra el Rey Jacobo Primero, esposo de la Reina Virgen que siempre lo había protegido y al cual había muerto en 1603.


martes, 24 de enero de 2017

Ultima expedición de Raleigh


        Sir Walter Raleigh, sentenciado a muerte por conspirar contra su Rey Jacobo Primero, le fue suspendida la pena, pero permaneció 13 años cautivo en la Torre de Londres, tiempo durante el cual escribió “Descubrimiento del grande,, rico y bello imperio de Guayana”, libro que le abonó el terreno para una segunda expedición en 1617.
        De manera que gracias a su fabuloso relato escrito en prisión, encontró el terreno abonado para el financiamiento de su vuelta a Guayana. En diciembre de 1617 ya la expedición de Raleigh estaba frente a las costas de Trinidad, de la que se posesionó luego de ardoroso combate con las fuerzas de Benito Baena responsable de la seguridad y defensa de la isla.
        Allí enfermó y para no retardar sus planes adelantó a su lugarteniente Lawrence Keymis y a su hijo Jorge hasta Santo Tomás de la Guayana  donde ya prevenido lo aguardaba el Gobernador Diego Palomeque de Acuña con una pobre artillería y apenas medio centenar de hombres sobre las armas.
El sábado 12 de enero de 1618, cinco navíos y 600 marinos ingleses asediaban las costas de Santo Tomás de la Guayana terminando de atacarla hasta rendirla, ya sin mando pues su Gobernador había caído mortalmente herido, pero también habían muerto Jorge el hijo de Raleigh y cuatro oficiales ingleses.
        Los dispersados sobrevivientes se retiraron al Sur de la Laguna La Ceiba y despacharon un emisario al Nuevo Reino y a Santo Domingo en busca de ayuda. El hijo de Raleigh y los oficiales fueron enterrados en la Iglesia del Convento y Palomeque de Acuña en lugar separado. EL saqueo de la Iglesia  fue total.  Los expedicionarios permanecieron 16 días en el lugar explorando los alrededores y se llevaron hasta las campanas de la Iglesia y los sirvientes del gobernador, entre ellos, uno llamado Cristóbal Uayacundo, quien en Londres presenció la decapitación de Sir Walter Raleigh. 
        Los sueños fabulosamente doradistas de Sir Walter Raleigh tuvieron un desenlace trágico. En aras de las buenas relaciones entre Inglaterra y España, Raleigh tenía instrucciones de descubrir nuevas tierras para su Reino, pero no a costa de los intereses coloniales de sus vecinos peninsulares. Si llegaba a lesionar esos intereses, corría el riesgo de que el Rey le reactivara los cargos de conspirador y le confirmara la pena de muerte. Eso ocurrió.
        Por vía del Nuevo Reino de Granada y Santo Domingo, llegó al Rey de España la noticia oficial del saqueo y destrucción de la capital de Guayana. En consecuencia el reclamo no tardó en ser elevado hasta Su Majestad el Rey Jacobo de Inglaterra, quien montó en cólera y prometió hacer justicia tan pronto Raleigh arribara a dar cuenta de su expedición.
        Con la tripulación mermada y desgarrado por el dolor de haber perdido a su hijo como a su lugar teniente Lorenzo Keymes, quien se suicidó en Trinidad, Raleigh se presentó ante la Corte y nuevamente fue detenido y condenado. Cuenta la historia que estando al pie del patíbulo le pidió a su verdugo le dejase ver el instrumento con el que sería cortada su cabeza: “permítame verlo, ¿Crees que tengo miedo?”, dicen que dijo y el verdugo le entregó el hacha cuyo filo acarició con estas palabras: “He aquí una medicina fuerte, pero que vence todas las enfermedades”.

        El caballero consentido de la Reina Virgen cayó a al edad de 66 años bajo el filo del hacha el 29 de octubre de 1618 en el antiguo Palacio de Westminster. Antes de ir a la guillotina dejó escrito este epitafio: “Tal es el tiempo depositario de nuestra juventud, dicha y demás / y no devuelve sino tierra y polvo / el que en la tumba muda y triste / cuando terminó nuestro camino / la historia encierra de la vida nuestra / de esta tumba polvo y tierra / me librará nuestro señor, según confío”.

sábado, 21 de enero de 2017

Doña Isabel de Alcalá


         La figura de doña Isabel de Alcalá resalta en la historia de Guayana con aureola de auténtica heroína.
         Su participación ejemplar en dos hechos trascendentales marcan su vida de mujer nacida en Cumaná, provincia de la cual dependió Guayana cuando los dominios de la Nueva Andalucía se extendían hasta las riberas de los ríos Amazonas y Esequibo, vale decir, en tiempo de los gobernadores Diego Fernández de Serpa (1569) y Carlos de Sucre (1733).
         Doña Isabel de Alcalá prácticamente vio nacer a Santo Tomás de la Guayana. En ella se estableció comenzando el siglo diecisiete con su marido, el capitán Lucas Bravo de Acuña, hermano de Juan Bravo de Acuña, gobernador de la provincia de Nueva Andalucía (1665-1667)  y con sus hermanos, Juan y Jacinto Jiménez de Alcalá.
         El apellido Alcalá es el más antiguo de Cumaná y Guayana y a este tronco perteneció María Manuela de Alcalá, madre de Mariscal Antonio José de Sucre y del prócer José Gabriel Alcalá, firmante del Acta de Independencia el 5 de julio de 1811, miembro del Congreso Constituyente de la Gran Colombia y quien vivió en Angostura en 1828.
         Doña Isabel de Alcalá, junto con su esposo y hermanos, formó parte de las 57 personas que lucharon denodadamente en la defensa de Santo Tomás de Guayana cuando fue invadida, saqueada y destruida por una avanzada de la expedición de Walter Raleigh en enero de 1618, asimismo doña Isabel de Alcalá estuvo activa como un soldado más contra las invasiones holandesas en 1619 y 1637.
         Siendo Martín Mendoza y Berrío (nieto del fundador), Gobernador de la provincia de Trinidad y Guayana, doña Isabel de Alcalá se fue con un puñado de vecinos de Santo Tomás en 1643 a fundar aguas arriba del Orinoco una nueva ciudad que sirviera de alternativa a la vapuleada Santo Tomás. Tal la  Nueva Cantabria, cerca de lo que es hoy Cabruta. Esta nueva ciudad llegó a tener Cabildo, regimiento, iglesia, plaza, cárcel, calles y hasta una fragua, pues ya en ese tiempo los españoles habían encontrado hierro en Guayana. La ciudad tuvo vida efímera y el único que al parecer dejó testimonio de su existencia, fue el Reverendo Jacinto de Carvajal, quien luego de pasar los días de la Semana Santa en el lugar, escribió sobre sus valerosas mujeres lideradas por esta doña Isabel de Alcalá, a quien todos reconocían como la capitana.
         Se ignora el final de esta gran Señora defensora de la existencia y permanencia de la Capital de Guayana. Se cree sepultados sus restos en la extinguida Nueva Cantabria, pero su actuación en los tiempos más difíciles se halla reseñada en documentos de la época, como también la actuación de quienes heroicamente defendieron la Guayana durante el asalto de enero de  1618, entre ellos, los alcaldes García de Aguilar y Juan Lezama, quienes asumieron el mando hasta mayo de 1619 que don Fernando de Berrío volvió a tomar la Gobernación de por vida.        

         Fernando retornó a Gobernar con la misma dinámica de su anterior gestión y alentaba importantes proyectos que en 1622 llevó a España personalmente para discutirlos, pero antes de arribar  fue capturado por piratas el barco donde viajaba. Ese mismo año falleció en Argel estando cautivo, sin que llegase el rescate que los moriscos habían tasado por su libertad. 

viernes, 20 de enero de 2017

Reconstrucción de la ciudad



         El alcalde Juan de Lezama primero y Jerónimo de Grados después, llenaron el vacío del Gobernador Diego Palomeque de Acuña, hasta que Don Fernando de Berrío y Oruñas retornó por su heredad.
         Al mando de 44 soldados y tras navegar el Casanare, el Meta y el Orinoco, Fernando de Berrío se hizo presente el 11 de marzo de 1619 en Santo Tomás de Guayana con las credenciales otorgadas por la Audiencia de Santa Fe, justo a los dos años de la muerte de Raleigh.
         Su primera tarea fue la de emprender la reconstrucción de la ciudad y con ese fin comisionó al capitán Jerónimo de Grados y Alonso de Monteros para que reclutarán mano de obra indígena en el Esequibo, pero con tan mala suerte que fueron capturados por los ingleses por cuya libertad pretendieron cobrar un rescate traducido en unos cuantos quintales de  tabaco en rama, renglón agrícola que se daba muy bien en las Misiones y que se comerciaba a través del puerto de Santo Tomás.
         Don Fernando como pudo reconstruyó la ciudad, reactivó la agricultura, el comercio, y abrigó proyectos de expansión y exploración que personalmente quiso plantear ante el Consejo de Indias a objeto de asegurar sostenidos recursos humanos y logísticos. Así que tan pronto se le presentó la ocasión, viajó a España, pero en la fase final del trayecto el barco que abordó fue atacado por Piratas moriscos que lo llevaron a Argel, tal cual como ocurrió en 1575 con Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha.

         En Argel Fernando de Berrío murió cautivo el 22 de junio de 1622 y para ejercer la gobernación fue designado el capitán general Luis de Monsalve, a quien le tocó hacer frente al segundo ataque corsario de que fue objeto la ciudad.